Mostrando entradas con la etiqueta pueblo mapuche. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pueblo mapuche. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de noviembre de 2017

Nosotros, los fusilados; los que vamos a vencer



Cuando el poder lo manifiestan los de arriba, se manifiesta injusto: el poder es impunidad. Eso significa, entre otras cosas, que no hemos enterrado aún a un muerto nuestro y ya tenemos otro asesinado. Significa que la tierra que hace poco menos de un siglo y medio fuera regada copiosamente de sangre mapuche por un ejército que se consagraba genocida, lo siga siendo. Que los estancieros que ayer pagaban por oreja o testículos a "cazadores de indios", hoy se contenten con las tropas regulares y su labor, todos los gastos incluidos en sus fraguadas contribuciones al erario público. 
Rafael Nahuel hoy; Santiago Maldonado ayer. Las balas del poder apuntan hacia abajo. Se corre riesgo si se es pobre, doblemente si se tiene la tez oscura. Más aún si no se dobla la frente ante la injusticia.

Cuando el poder lo manifestemos los de abajo, no habrá impunidad. Ni campesinos sin tierra, ni trabajadores sin pan. Y, entre otras cosas, los verdugos que ordenan el tiro de gracia, y los verdugos que lo dan, también tendrán justicia.
Eso pasará. No en ninguna vida ultraterrena. Pasará. Porque, como dijo el poeta, "los más sencillos/
ganaremos,/ aunque tú no lo creas,/ ganaremos."

***

Acá

Cruzamos el Ecuador hace raudales.
No tenemos naves por quemar,
pero amontonamos ramitas como si tal cosa.
Nosotras, nosotros; los demolidos,
las asiladas, los guachitos; los sin cobija, la indiada,
destetados al alba, apaleadas y apaleados;
nosotros, los que no añoramos ningún paraíso
como no sea venidero.
A veces nos ocultamos, luna nueva derrotada por la noche.
Y seguimos camino.
(En esta hoguera que alzamos hay un tizón.
Lo tomamos con las manos,
con ternura, como a una fruta suave.
Lo ponemos en un hueco,
en el lugar exacto del pecho o de la noche.
Late.)

Nosotras, nosotros, los fusilados,
los deportados, las inmoladas...
Quiero decir que
acá
estamos nosotros,
los que vamos a vencer.

Mariano Garrido;
26/11/2017  

miércoles, 16 de agosto de 2017

En la frontera







En los bordes de nuestra tierra hay, todavía, desaparecidos. Los perpetuamente secuestrados por la dictadura cívico-militar, desde ya. Pero también los que nos legó una democracia de cartón pintado en la que no solo es posible que el país de las vacas produzca guachitos con anemia. No; también aquí puede que un testigo que declare contra represores sea secuestrado por segunda vez, que un pibe que se niegue a robar para la policía se transforme en un muerto enterrado como NN, o que un manifestante sea arrastrado por gendarmes en la estepa para no ser visto nuevamente. Y todo esto puede ocurrir con el consenso de una porción nada despreciable de la población.
La fuerza que debe custodiar las fronteras nacionales es la responsable de apalaear y tirotear rutinariamente a los habitantes ancestrales de esta tierra. Esa misma fuerza, que es la denunciada por la desaparición forzosa de Santiago Maldonado desde el 1 de agosto, en Cushamen, Chubut, es la encargada de investigar el caso, de investigarse. La podredumbre asciende, cada vez más a la vista, desde el subsuelo patagónico, sus latifundistas, y sus matones verdeoliva a sueldo, hasta la misma casa de gobierno.

Paradojas. Sinsentidos. Cosas que ocurren en la frontera. Allí, donde limitan las estancias de los ricos entre los ricos con el pueblo mapuche y sus casillas rudimentarias. En ese límite que los mercenarios sin patria y renegados de su clase van corriendo cada vez más; ese que cuidan celosamente del pueblo que lucha, justamente, por su lugar en esta tierra.


***

Desaparecido II

Yo no soy y soy ninguna parte.
Yo no puedo y lo que puedo es nada.
Yo no estoy.
Apenas una sílaba pero en verdad más nada.
Un tiempo ayer, ceniza.
Viento por todas partes. No entro ni salgo,
yo no digo buenas noches, no beso, no
utilizo sombrero,
porque jamás. Y soy ninguna parte.

Se terminó –dijo la vida de un portazo- y yo
no vuelvo y cuando vuelvo quedo a mitad de camino.
No puedo y si pudiera es casi o menos que eso,
apenas una fecha en el papel ajado de tus labios.

Allá van las barajas de mano en mano y estos
dados de sangre rodando a la deriva.
Yo sueño si me sueñan.
Pero a veces escucho; hay una voz,
me sabe de memoria.
Hay un nombre tan cerca que dan ganas de usarlo.

Jorge Boccanera,
de Polvo para morder; 1986

miércoles, 9 de agosto de 2017

Destierro y desaparición: la voz rebelde del valle no apaga su eco






En 1812, hace unos doscientos cinco años, algunos patriotas se organizaban secretamente para pelear por la emancipación americana. Entre ellos estaba un hombre de unos treinta y tantos años, José de San Martín. El nombre que eligieron para su logia clandestina fue el de un cacique araucano: Lautaro. Lautaro, el mismo que puso fin a los días de Valdivia, el conquistador. Un antepasado de aquellos mapuches que hoy, también en nombre de la patria (no la nuestra), la oligarquía quiere exterminar.
En el vértice opuesto a la lucha por la emancipación americana, que incluyó y sigue incluyendo a los pueblos originarios como sujetos, en nuestros días brotan desde los desagües de la historia argumentos que, como es esperable, huelen a podrido. Embebiendo sus plumas el agua estancada intelectual y moralmente de donde emergen, los escribas y cagatintas al servicio del pagador de turno desparraman su periodismo cloacal. Señalan con dedo acusador al pueblo mapuche por ser “ajeno a nuestra patria”, nos dicen. Los defensores de oficio o rentados de los Benetton o Lewis, pero también de los Braun Menéndez o Anchorena, condenan la justa rebeldía mapuche, la de quienes no se resignan a morir en la miseria y reclaman un puñado de tierra. Hoy, las fuerzas represivas herederas de la “Pacificación de la Araucanía” en Chile, o de la “Conquista del Desierto” en Argentina, desaparecen a un joven militante en la Patagonia, salen a cazar a tiros a pobladores originarios, queman sus rucas a plena luz del día.
Mientras nos seguimos preguntando dónde está Santiago Maldonado y exigimos su aparición con vida; mientras condenamos a los ministros de la miseria que, cada vez más, tienen sus manos retintas en sangre, tomemos la voz de aquellos valles donde desde hace siglos un pueblo pelea con valentía por su lugar en esta tierra.
     
***


Aún deseo soñar en este valle

Las lluvias tocan las cuerdas
de su aire
y, arriba, es el coro que lanza
el sonido de la fertilidad
Muchos animales hubo -va diciendo
montes, lagos, aves buenas palabras
Avanzo con los ojos cerrados:
Veo, en mí, al anciano
que esperando el regreso
de las mariposas
habita los días de su infancia
No me preguntes la edad -me dice
y estaré contento
¿para qué pronunciar lo que
no existe?
En la energía de la memoria
la Tierra vive
y en ella la sangre de los
Antepasados
¿Comprenderás, comprenderás
por qué -dice
aún deseo soñar en este Valle?


Petu kvpa pewmalen tvfachi Mapu mew

Mawvn nvtrvgkvnutufi kvrvf
ñi trarin
ka, wenu, ti fvtra vl tripayzugun
fillem ñi feypiley ñi neal choyvn
Mvlewma fentren kulliñ -pilerpuy
mawizantu, pichike lafken
vñvm kvme zugu
Umerkvlen amun:
Iñche ñi pewi mu, kiñe fvcha
kizu vgvm ñi wiñomeal ti
pu llampvzkeñ
ñi pichike gemun tremkvlen
antv mew
Ramtukenueli tunten tripantv
ñi nien pienew fey mu
ayvwkvlean
Chumael tukulpageafuy ti genolu?
Ñi newen tukulpan mew mogeley
ta Mapu
ka fey mu mvley taiñ Kuyfikeche
tañi mollfvñ
Kimaymi, kimaymi, chumgelu -feypi
petu kvpa pewmalelfun tvfachi
Mapu mew? 


Elicura Chihuailaf;

en De sueños azules y contrasueños, 1995-2000

Disponible aquí.

jueves, 12 de enero de 2017

Chubut: el hondo susurro de los asesinados


"La poesía es el hondo susurro de los asesinados", define el poeta desde el propio verso. No viene mal recordarlo.
En la misma semana en que el poder mediático y político de los que mandan desde siempre recarga el discurso y carga a los bastonazos, respectivamente, contra senegaleses, peruanos y criollos pobres que venden baratijas en las veredas de un barrio castigado como pocos por la exclusión, en el sur se arremete contra los mapuches, también pobres. A unos se los acusa por su ilegalidad y extranjería. Esto basta para que sean apaleados con toda justicia. A otros se los acusa de terroristas, y también, de paso, de extranjeros. En ambos casos, los acusados son los garroteados. 
Pocos son los que alzan la voz señalando que, si hablamos de extranjería, hay un empresario italiano que posee un millón de hectáreas en la Patagonia, compradas a precio vil, y es justamente el principal beneficiario de la brutal represión, balas de plomo mediante, a los pobladores mapuches.
Y, si de alzar la voz se trata, ¿puede la poesía mantenerse inmaculada ante tanta salpicadura de sangre pobre? ¿Qué piensan los poetas de hoy ante las balas que silvan del otro lado de las ventanas? ¿Subirán el volumen en sus dispositivos de audio, pedirán que su atalaya sea diez metros más alta para que el humo de las gomas quemándose no irrumpa en sus salones, pondrán persianas más gruesas para que la realidad no interfiera y se entrometa en sus estudios?
Elicura Chihuailaf. Poeta mapuche, lo mismo da para el caso que haya nacido de aquel lado de la cordillera. Es la misma vaina cuando de tirotear pobres se trata.
La poesía, el hondo susurro de los asesinados -nos dice- resiste entre el pueblo pobre. En un puño cerrado, o en la piedra que asoma en una honda, cuando no hay otra manera de resistir a los asesinos, a los dueños de todo y a sus zorros que van cruzando los campos.   

***

Mi padre y yo solemos charlar hasta la madrugada
bebiendo el vino de la pena
y la esperanza
¿Alguien puede evitar el otoño del oeste?
me dice
los ríos van perdiendo su profundidad
el caudal de la sabiduría
y comienzan a añorar el silencio
de sus bosques
Nosotros pensamos en el hijo, el hermano
aún en el exilio
Hablamos de luchar, mientras los zorros
cruzan gritando nuestros campos

Mi padre y yo, envejecidos
ahora nos miramos entre lágrimas.

Elicura Chihuailaf
En De sueños azules; 2008

 

visitas