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martes, 10 de diciembre de 2013

Confusiones


Una asonada no es una huelga. Un hato de desclasados exigiendo mejor paga no es un conjunto de trabajadores en lucha. Cuando los mercenarios exigen una mayor recompensa, no es otra cosa la que quieren que la que piden. Los motines policiales se parecen menos a los reclamos salariales de los obreros que al descanso previo a la cacería. No tardan en asomar en sus pliegos reivindicativos, que exigen más dinero por servir de lacayos, reclamos para mantenerse impunes ante tanto gatillo fácil, ante tanta cachiporra gratuita recetada al pobrerío.   
Se confunden los de las comparaciones veloces y las analogías ligeras; yerran los que ven potenciales soviets de soldados y campesinos donde hay meros lúmpenes de uniforme y sus esposas cuidando su corporación mafiosa, cosacos prestos a salir a aporrear laburantes ni bien les aumenten el sueldo.
La que se equivocó, en este caso, no fue la paloma.

Poema de Luis Luchi, para ver si entre tanto miope hacemos foco dende hay que hacerlo.

***



Surge un vigilante con su bastón, y pega

El sueldo le ha llegado atrasado,
lamentamos que opinen
que no pegará.
Bajará del camión con un palo a pegar.
El hermano menor
estará en la manifestación,
cuando el oficial lo ordene...
lamentamos que opinen distinto,
creyendo que pegará menos fuerte.
Después de haber abierto heridas
desarmará en la fortaleza
las anécdotas impunes
asegurando que es menos malo que los otros empleados.
En realidad los otros y yo lamentamos mucho que opinen así,
en la próxima protesta bajará como siempre con un palo a pegar.

Luis Luchi;
en Antología poética, 1986

miércoles, 2 de enero de 2008

Salúdelo a su patrón


Luis Luchi, poeta porteño y del exilio, aporta un poco de ironía para encarar un año que recién empieza y que, quién sabe, pero según parece, no olerá a rosas ni a jazmines.


No deje de saludar a su patrón


Sí,
aunque no le conteste,
salúdelo.
No piense en el alquiler,
en el precio del jabón.
Salúdelo, no tiene la culpa.
Quiere a la patria y a sus hijos,
y algo le gusta la libertad.
Salúdelo,
él no ignora
que usted tiene
cuarenta años
y ya está destrozado,
que cuando se enferma
el farmacéutico no le fía.
Salúdelo porque lo siente.
Pero están los bancos, las deudas,
los capitales invertidos.
Salúdelo.
No son cosas fáciles de comprender,
si estuviera en sus manos
cambiaría ese infierno
por su serena miseria sin problemas.
Salúdelo,
si al fin todos somos iguales,
en su juventud tuvo ideales,
y muchas veces soñó
con la fraternidad universal.
Salúdelo,
todo fue por las circunstancias
y hay días en que dice
que esto no marcha bien.
Salúdelo,
también tiene sentimientos
y su silencio lo hiere.
Sáquese el sombrero
y salúdelo.

Luis Luchi
(De Vida de poeta; 1966)

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