Mostrando entradas con la etiqueta Vicente Zito Lema. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vicente Zito Lema. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de septiembre de 2015

Trelew. Ayer, siempre.




Dice la contratapa de Trelew. Una ardiente memoria: "Un libro sobre el 22 de agosto en Trelew nos demanda seguir buscando el destino de nuestras luchas, aun de nuestras derrotas en los pliegues de la misma lucha. Sin tregua nos impulsa a no quedar atrapados por la melancolía que hiere, por la soledad que nos detiene y nos hace rumiar las penas y justificarnos en los fracasos."

Simplemente, eso. Un libro sobre Trelew hoy no es un anacronismo ni un regodeo en la nostalgia. Es una necesidad en un mundo que sigue pretendiendo exterminar el futuro.

Editado con esfuerzo militante, y con un resultado extremadamente profesional, bajo la atenta mirada de Vicente Zito Lema.
Historia, vida, lucha, artes plásticas y poesía. Y en un mismo libro, mal que les pese a los taxonomistas de la lectura. 


***

Poema donde Rubén Pedro Bonet escribe a sus hijos

Los que lo conocieron pueden atestiguar
que era un duro militante.
Igual lo saben sus torturadores
que no lograron sacarle una palabra.
Pero también es bueno que se recuerde
que su última carta la escribió a Hernán y Mariana
sus hijos de 5 y 4 años.
Recién llegado al penal de Rawson
les contó cómo había viajado desde Buenos Aires.
Primero en un camión de celdas sin día y sin noche
y luego en un avión esposado al asiento.
Pero él lo decía como si fuera
una hermosa aventura en la Malasia
-no se olviden de que era para sus hijos-.
También les contó que en el penal hacía frío
pero que a él tanto frío le gustaba
y que fumaba y que leía y que tenía en la pared
de su celda pegada la foto de Hernán y de Mariana
junto a la de Carlitos Chaplin.
Les pedía a sus hijos que lo vinieran a visitar
si era posible para el 9 de julio.
Que no faltaran a clase y que le contestaran la carta.
Como Hernán y Mariana no sabían escribir
le enviaron sus dibujos
donde el duro militante tenía en vez de manos raíces
y un alto sombrero de payaso.
El día que se fugó del penal
se ató del cuello una carterita de cuero marrón
con las fotos de sus hijos la de Chaplin y los dibujos
y aún la llevaba cuando lo asesinaron
en la base naval
bien cerca del mar y de una playa
con enormes negras gaviotas.

Vicente Zito Lema (1974)

***

La imagen congelada

Nunca escribí sobre Trelew; mejor dicho, sobre su masacre,
la masacre travestida de fuga,
la base de Marina sobre la que nevaron, en vez de copos, coágulos.
Trelew es su aeropuerto,
es la ciudad menos turística, más real, en el valle inferior del río Chubut,
es el polo textil donde sólo descansan las ovejas, las ruecas no descansan,
es el Mimosa de cuyas velas se descuelgan unos galeses locos destetados de Europa,
es 28 de julio de 1865, el siglo XIX a plena voz,
es ‘Tre’, pueblo en galés, y ‘Lew’, apócope de Lewis,
es el Pueblo de Luis, el Tre de Lewis,
es Lewis Jones tirando de la soga de una locomotora
imaginaria para que llegue el tren,
es el tren o caballo de vapor,
es el caballo de vapor que corre por las vías
tendidas sobre durmientes mapuches y tehuelches,
es mapuche y tehuelche lo que cruje por debajo de lo que sea que duerme,
es el crujido de sus osamentas que aún se quiebran
y de su sangre que aún salpica,
es la memoria que el polo textil no puede hilar de las tolderías deshilachadas,
es el 4 de junio de 2011, los berridos del siglo XXI,
es el Puyehue que ruge desde Chile y le echa a todo un manto de cenizas.
Pero es, antes que nada, su masacre, su 22 de
agosto de todo el siglo XX.
Nunca escribí sobre la masacre, o sea, sobre Trelew.
No pude.
No se puede.
Dejo el espacio en blanco para que lo llene el porvenir.
...........................................................
................................................................................
...................................
................................................. No, no lo dejo, clavo
sobre el papel las cuatro chinches con la foto inmortal
de los diecinueve guerrilleros que se entregan en el aeropuerto
del que no pudieron escapar,
del que no pueden escapar,
la escena inenarrable en la que lo único que se
rinde son los brazos.
Los vemos: la mirada de frente, los camperones
cómplices de la noche invernal,
las armas en el suelo sólo por eso de los brazos,
mientras se escuchan cada vez más distantes
los motores del avión en que huyen los compañeros
que tuvieron la suerte.
Trelew entero se congela en esa imagen congelada.
En esa imagen congelada en la que están acorralados.
Acorralados pero vivos.
Y ahí congelo el poema,
a fin de que la Historia, cuyos pulsos difieren del humano,
les dé el margen –¿treinta mil siglos, años?–
de recoger las armas y volver
para escapar de una ciudad menos terrible, redescubiertos,
quizá azarosamente, en los estratos fósiles, entre ruinas inciertas,
vestigio de las luchas por la transición al socialismo,
y hasta palabras raras, como ésa: Trelew.
¿Qué fue Trelew?
¿Qué querría decir en aquel tiempo?

Adrián Desiderato (2015)

***

Por eso no morimos

“Su cadáver estaba lleno de mundo”
César Vallejo

“El rocío se secó rápido, aunque volverá mañana.
Sólo el que cae en la tumba no vuelve.”
Anónimo chino
Me refiero a ellos a nosotros mismos
ahora después de siempre
sin gesto ni ademán sin pose ni mueca
lo digo por mí pero no solamente
hablo por mí
hago alusión de la silueta y de lo interno
del lomo y las palabras
evoco a la cuchara del preso y a su caldo frío
a los horizontes encarnados al futuro nuestro
a sus batallas mías.
Somos ellos que somos nosotros
a la vez diferentes los mismos.
No hemos negociado la sangre
llamamos a la muerte por su nombre
verdadero salimos de las entrañas
de un volcán escarabajos de fuego
-los trapos con la estrella y el color
de nuestro suelo-
nosotros ahora después de siempre
nacimos en 1972 y en el monte tucumano
en el mar y en la Patagonia
en diciembre nos nacieron ellos mismos
y nos nacimos juntos en junio Avellaneda
y en el Escambray y en la Maestra
a todos nos nacieron.
Pero hoy mañana todo el siglo es Trelew
no hay agosto sin 22 ni Trelew sin revolucionarios
no hay calendario que olvide por cuenta propia
ni arena sin fósiles ni mar que no se junte
con otro mar después de todo.
Nada que pueda ser dicho es olvido.
Somos los brotes de sus cuerpos apilados
en una morgue de improviso en la base genocida
somos sus voces puérperas de un grito
somos sus caballitos de madera sus manos
sus vientres sus planes de fuga sus poemas.
Somos el buen amor a nuestro pueblo
obrero campesino originario desocupado
hambriento somos
el buen odio al enemigo nuestro.
Compañeros compañeras en ellos nosotros
con ellos somos
uno
muchos
todos.
Yo soy Trelew 22 de agosto
combatiente vos preso político
nosotros acribillados
todos rebeldes revolucionarios.
Soy Rubén Pedro Mariano Ana María
tengo 23 tengo 29 años
toda la sangre en su sitio el coraje
y la ternura soy este coraje soy esta revolución
me enamoro vuelvo no me fui no me van
somos hijos de ellos hermanos compañeros
vibrantes hojas de sus tallos
humanos tan humanos
vivos
ahora por siempre.

Hernán Boeykens (2015)

***


Veintidós del ocho

“Nuestras derrotas lo único que demuestran
es que aún somos pocos
los que luchamos contra la infamia”
Bertolt Brecht

Así será cada veintidós del ocho.
Será de madrugada en Trelew,
y será el mismo viento el que barrerá la meseta
amontonando la arena y los días. En los rincones ajados
de este mapa o de esta suerte,
los compañeros chamuyarán con el destino.
Parlarán acodados en sus catres, mano a mano.
Le coserán, de seguro, un rato antes de que llegue la requisa,
un secreto dobladillo al alma. Harán, silbando con disimulo,
embutes en el cielo interminable de la estepa
o en pequeñas ratoneras. Como sea, darán,
eso es sabido, refugio indudable a la esperanza.
Practicarán postreras e imperceptibles inscripciones en los muros,
ilegibles para los verdugos. Y finalmente saldrán.
De este lado de la boca del fusil,
los compañeros formarán frente a la celda
y caminarán sublevados y descalzos a la muerte.
Contarán los disparos en la noche, las estrellas
en el gris de este desierto.

(Muchachos generosos y sencillos:
esa verdad que gritan con sus días
es la patria que escriben con sus huesos.
Ustedes conversan el idioma del porvenir,
todo lo que quedó pendiente y hoy nos arde;
esa inalcanzable provincia que aún ansiamos, el mañana.)

Mariano Garrido (2015)


lunes, 29 de junio de 2015

La poesía en la consigna



Hace más de ochenta años, tal vez en una libreta de apuntes, el poeta y dramaturgo anotaba. Luego del exilio y la persecución nazi; del exterminio y de la segunda gran guerra en la que perdiera un hijo; luego de marchas y contramarchas que lo hallaron siempre bajo las banderas del pueblo (y sin confundirse cuando el pueblo abrazaba banderas que no eran las suyas), Brecht seguía escribiendo. ¿Qué había logrado, pues? ¿Persecuciones? ¿Destierro? ¿Coyunturales victorias en un estado obrero que tampoco lo conformaría del todo, pero por el cual estaba dispuesto a seguir peleando? Brecht escribía. Teatro y poesía hermanados con la vida. Estética y política, poesía y consignas, para que la crítica se desgañitara impotente en su prédica que quiere extirparle la lucha de clases al arte. "Belleza en la barricada", como titularía años más tarde Zito Lema a un libro de poemas.
No es raro que poemas como los de Brecht vengan a la memoria o al pecho cada vez que junio esparce recuerdos y golpea, como la lluvia ahora sobre el pavimento. Y pasa Darío, y pasa Maxi; peleando cuando la corriente parece pregonar lo contrario, cuando la resignación y la adaptación son elevadas a axiomas. Y ellos ahí... Poniendo el pecho, y no salvándose solos.

El peor analfabeto, decía Brecht, es el analfabeto político. Y apuntaba en su libreta. Con el pellejo algo curtido, y lejos de todo pragmatismo, concluía que pese a todo, siempre había que luchar.
En eso estamos.



***


Nuestras derrotas no demuestran nada
Cuando los que luchan contra la injusticia
muestran sus caras ensangrentadas, la incomodidad
de los que están a salvo 
es grande.

¿Por qué se quejan ustedes?, les preguntan.
¿No han combatido la injusticia? Ahora
ella los derrotó.
No protesten.

El que lucha debe saber perder.
El que busca pelea se expone al peligro.
El que enseña la violencia
no debe culpar a la violencia.

Ay, amigos.
Ustedes que están asegurados,
¿por qué tanta hostilidad? ¿Acaso somos
vuestros enemigos los que somos enemigos de la injusticia?

Cuando los que luchan contra la injusticia están vencidos,
no por eso tiene razón la injusticia.

Nuestras derrotas lo único que demuestran
es que somos pocos 
los que luchamos contra la infamia.
Y de los espectadores, esperamos
que al menos se sientan avergonzados.
Bertolt Brecht;
en 80 poemas y canciones

domingo, 1 de abril de 2012

Épocas



Época difícil. De esas de desfasado fin de siglo, de pretendido fin de la Historia, de supuesto sepulcro de la utopía. Época de desarme: ideológico y del otro. Sí, claro: época difícil.
Si la época fuese algo, una cosa; un mantel sucio (tal vez "impuro como un traje") por ejemplo, en alguna de sus arrugas, no del todo visible, estaría la poesía. Desde allí, en algún doblez imperceptible, se palparían ocultos unos versos, entre manchas y restos de saciedad ajena, aguardando.

Pero una época no es un mantel sucio.
La nuestra, pese a todo, está llena de pliegues y escondrijos desde los que se sigue aguantando el chubasco. Allí le hacemos lugar a la poesía, aunque no nos sobra nada, y parece que a veces ya no caben nuestros muertos. La Historia, de todas formas, desmiente a la Aritmética y a la Geometría, y los seguimos llevando con nosotros, en el lomo de los versos. Allí los cargamos; en uno a Darío, en otro a Maxi; a Carlos en el de más allá.

(En esta época, la que nos toca, Vicente Zito Lema se anima al anacronismo de hablar de una que es y pensar en una que alguna vez -tal vez- será. En esta época que tenemos, hay versos y personas que no esperan sentaditos a que lleguen el mañana y sus poetas.)

***


Épocas

Hay épocas en que la poesía se espanta de las almas
benditas y de los espíritus sin mácula que cuentan
estrellas ante las sombras del río…

Hay épocas en que la poesía pierde la buena medida,
el buen tono, la buena contemplación, el buen amor,
el buen humor, la buena razón y el buen apetito
con que los cuerpos abren las puertas del destino…

Hay épocas en que la poesía llora en la noche
con lágrimas de niño y dice adiós a la belleza
sin estrépito, y corre hacia el infierno
con botas de gigante para sus pies deshechos…

Hay épocas en que la poesía no duerme
entre las sábanas almidonadas de la cultura,
debe buscársela sonámbula y a los tumbos, casi ciega,
entre tiros y gritos y pájaros de mal agüero,
en noticias policiales…

Hay épocas en que la poesía sólo conoce las prácticas
subversivas y los métodos piqueteros
(la cosa es: tomar por asalto el palacio de verano y
el de invierno,
o cortar las rutas o cubrir de humo negro el cielo,
o morir de pobre,
en la soledad del silencio,
como los elefantes mueren en los bordes de la selva.)
Entonces la poesía anda sin brújula, a saltos de mata,
de un lado a otro, del mar a la meseta, mientras el otoño
nos envuelve con su luz dorada
y sólo cambia que uno está más viejo…

Hay épocas en que la poesía se plantea una última cuestión:
¿Cuando lleguen los poetas del mañana,
los que anuncian la alegría,
tendremos algo más para recibirlos
que tumbas de inocentes sin justicia
y la moneda de la vida jugada a cara o cruz?

Vicente Zito Lema
“Épocas”. En Y otra vez las músicas, 2007.

visitas