Mostrando entradas con la etiqueta Colombia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Colombia. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de mayo de 2019

#SantrichLibre



La dignidad rebelde no se rinde así como así. Más de medio siglo de insurgencia y resistencia en Colombia: un digno hijo de esas luchas como Jesús Santrich, alza su puño nuevamente al viento.
Sin más apóstrofes: poema de Angye Gaona, dedicado al líder político que recuperó su libertad. 

La lucha sigue.

***


#SantrichLibre

Con que teníamos un alma
y nos la han apresado
Pues vamos hasta donde esté
una vez a buscarla
y otra vez
Que suene la misma canción
y se levanten las copas
y nos espere el camino
Que para la gente sin alma
no pasa el tiempo
Y mañana partamos
al amanecer
después de que saques
el carrao de la flauta
Todos aquí sabemos
que un hombre mínimo se llevó el alma
de este país a los abismos
Pero, celebremos
que ya volvemos a buscarla
una vez y otra vez, ¡ajúa!
Que somos muy testarudos
en eso que llaman paz en las afueras
de los límites territoriales
Eres un pájaro de colores
que me encontré en un sueño
Tú me contabas el mito
que te dieron a guardar
en cuatro lenguas
Hubo una vez una parranda
de la que salimos ilesos
salvo las lágrimas negras
de todo este bolero
que tenemos por país

Angye Gaona; 30-05-2019

domingo, 2 de octubre de 2016

Colombia, Hikmet y la paz que nos deben



En Colombia, con un gran índice de ausentismo en las votaciones, se impone el NO que militó el uribismo y la CNN; el NO a la paz. Un NO que es afirmación de una avanzada reaccionaria de la derecha más recalcitrante en nuestro continente.
En momentos como estos, uno puede preguntarse si acaso se equivocó de siglo, de planeta, de especie.
O echar mano a la poesía. A Hikmet, por ejemplo. Cuando Nazim hablaba de su siglo, que lo vio más preso o exiliado que libre, y decía "mi siglo miserable, escandaloso,/ mi siglo valeroso, grande, heroico."
Nosotros no vamos a desertar de la pelea por una paz con justicia social.
La paz que vamos a conquistar no va a ser como la de los burgueses.
Y vamos a pelear hasta el final por ella.

 ***


El siglo XX

        "Dormirse ahora,
y despertar dentro de cien años, amor mío ... "
"No.
No soy un desertor,
mi siglo no me asusta:
mi siglo miserable, escandaloso,
mi siglo valeroso, grande, heroico.
No me ha pesado nunca
haber venido demasiado pronto al mundo.
Al siglo veinte pertenezco, y me llena de orgullo.
Me basta con estar ahí donde estoy,
entre vosotros. Y con luchar
por un mundo nuevo..."

"Dentro de cien años, amor mío ... "
“-No. Porque pronto y a pesar de todo,
mi siglo moribundo y renaciente,
mi siglo cuyos días finales serán bellos,
mi terrible noche desgarrada por gritos de amanecer,
mi siglo estallará de sol, como tus ojos, amor mío."

Nazim Hikmet;
en A pesar de todos estos muros



lunes, 16 de enero de 2012

Carta abierta a los poetas


Exijamos la libertad definitiva a la poeta Angye Gaona, procesada por no callar en la Colombia que se doblega ante el imperio.

***


Carta abierta a los poetas


He aquí una reja en el aire

Se ha liberado
Como si un juicio no final la cruzara
Qué guarda ahora
A quién
De qué protege qué
De la vida
Angye Gaona; “Sublimación”

A Angye, a quien queremos y exigimos en libertad

Poetas con el pelo despeinado 
como toda rebeldía:
llegan cartas color tierra (porque vienen
amasadas con tierra), con perfume
de café (porque laten
en el grano y la semilla);
llegan cartas esmeralda (con el viento
de los Andes), llegan
como canción de la Amazonía (con
su cadencia). Urge
que las abran,
urge que las lean.

Poetas de gabinete:
llegan voces de Colombia que se elevan
(allí donde sembraron las mordazas);
llegan versos como flores de septiembre
(allí donde las flores van en tumbas).  
Urge que abran a tiempo los postigos.
(Los gritos que entrarán desde la calle
escoltados por el sol, por el viento,
vienen llevando en hombros la poesía.)

Poetas sin levita, estudiantes;
mujeres y hombres
sin caballo ni escudo;
campesinos; queridos
gastadores de suelas
(gastadas para otros):
llegan cartas de la tierra
que nos piden que estrechemos
nuevamente nuestros callos.
Junto a ustedes marchamos.

Poetas oficiales, carceleros:
no aceptaremos rejas
ante la palabra rebelde:
ella va como el mar, siempre presente
(como el mar: siempre distinto);
no aceptaremos rejas
para la poeta insumisa:
ella grita allí donde otros callan
(ella grita allí donde silencian).

Poetas todos:
a partir de esta hora
aceptaremos como toda reja
los barrotes de una cuna.

Mariano Garrido;
16 de enero de 2012

-----
Más información para hacer efectiva la solidaridad con Angye:
http://les-risques-du-journalisme.over-blog.com/
 

jueves, 28 de abril de 2011

Angye Gaona: como un volcán




Una de las voces de la lírica joven de Colombia, una de las que en 2001 participó e impulsó el Festival de Poesía de Medellín, intenta ser callada en el encierro. Cambian las circunstancias, se reitera la trama: Angye Gaona, 30 años de edad; periodista, trabajadora de la cultura, poeta. Coordina talleres literarios con niños; estudia Letras. Desde enero de este año, está detenida. Fue encarcelada junto a dos dirigentes universitarios y un representante sindical; arrojada a las celdas colombianas, donde según organismos de DD.HH. son más de 7.500 los presos y presas políticos. “No hay nada que temer”, mastican los marines de soslayo; “guerra contra el terrorismo”, replican sus voceros colombianos en este estado-portaaviones en que se ha transformado una parte de aquella patria por la que peleó Bolívar. Mientras tanto, y pese a ese cerrojo que también es mediático, las fosas comunes se tornan ya inocultables; los desaparecidos y descuartizados en las comunidades campesinas se cuentan por millares; los opositores van -sin más explicaciones- al calabozo, cuando no aparecen rematados en una cuneta o en plena calle. Colombia muestra hoy un festín sangriento de militares y paramilitares que compiten por recompensas estatales o de empresarios en la caza de supuestos subversivos, tal como los “cazadores de indios” de la Patagonia hacían su faena a destajo por la gracia y el dinero de estancieros ingleses y criollos.
“No basta con observar la realidad trascendente, es necesario hacerla operar en la vida y en la realidad”, escribía Angye  en una ponencia hablando acerca de la poesía y la vanguardia. La joven exponía a favor de modos experimentales de intervención poética. La transgresión, para esta poeta, excede la sintaxis. Junto a su poesía, a veces testimonial aunque no ajena a la búsqueda estética, Angye incluyó la militancia social, la denuncia a gobiernos corruptos y criminales de su país, movidos con piolines desde otra tierra más al norte.
Poesía, vanguardia, mundo; cuál es el lugar del artista en todo esto… Por ahora, en la región colombiana de Santander, hay una respuesta para este debate que no es ni exclusivo de poetas, ni menos aún de académicos: el lugar del que se compromete desde sus versos, y algunos pasos más allá de ellos, es el calabozo.  Las travesuras de esa vanguardia que se jacta de eructar en un concierto de cámara, o de cortarse despareja su melena, tiene visos de ocupar los márgenes… hasta ser invitada al centro. Como ayer en la España franquista, o en la Latinoamérica picaneada por generales entrenados en Panamá, la poesía parece lastimar al poder cuando no mira su propio ombligo. Mientras una vanguardia visita celdas, otra reserva pasaje para futuras bienales en Europa.
Los versos de Angye Gaona, disidente en la Colombia imperial, esperan otros versos desde abajo y la solidaridad concreta que reclame su inmediata libertad. Desde abajo.  Como un volcán.

(Publicado en Revista Cultural Sudestada nº 98; Bs.As., mayo de 2010)

***

HABLA EL VOLCÁN

Miles de preguntas arden
bajo tierra,
preparan la erupción.

Ya bullen, ya se sacuden;
de combate provocadas,
pronto hallan los cráteres,
están por venir afuera.


Manos son y en las montañas se alzan,
manos de magma toman las estancias.
No queda en pie trono
ni posesión ni usura algunos.

Suenan las preguntas,
chasquidos en los tímpanos oficiales.
Se recuerdan los nombres hostigados,
los desmembrados insepultos,
ocultos bajo lodo impune.
Se avivan los nombres en las voces;
pueden derruirse los muros de las prisiones,
pueden tomarse los tronos,
se diluyen las fronteras,
si se invocan esos nombres.
Ningún arma, ninguna injuria, nada,
habrá de replicar esos nombres calcinantes.

Angye Gaona
(En Nacimiento volátil; 2009)

sábado, 8 de marzo de 2008

Recordatorio

La prensa seria y grande, que viene a ser la única que va quedando, insiste. La guerrilla es terrorismo. Algunos viejos militantes, incluso alguno ahora devenido en mandatario latinoamericano, olvidan haber empuñado las armas por la revolución hace algunas décadas. Se suman ahora al coro, o miran para el costado. Hace algunas décadas se hacían barricadas en contra del imperio, y estar de este lado no nos daba vergüenza. Hoy, en el festín mediático del guerrillero muerto, curiosamente, se dejan de lado algunos datos y se prescinde de voces contrarias o críticas a las versiones oficiales. Poco se escucha, por ejemplo, de los más de 3.500 muertos que le costó a los insurgentes colombianos la experiencia reciente de legalización de una parte de sus activistas mediante la Unión Patriótica, o del hecho de que actualmente en Colombia existan desaparecidos y masacres llevadas a cabo desde el Estado y con explícita ayuda de marines norteamericanos. Y en estos casos, eventuales discrepancias y férreas diferencias incluidas, el precio del silencio, de dejar la puerta abierta, de los dos demonios señalados con el dedo, es caro.
Hubo una época, antes del desarme casi total y la derrota, en la que muchos que hoy se callan, cantaban.
En esa época se hacían barricadas.

***

Barricada

Fue una tarea de todos.
Los que se fueron sin besar a su mamá
para que no supiera que se iban.
El que besó por última vez a su novia.
Y la que dejó los brazos de él para abrazar un Fal.
El que besó a la abuelita que hacía las veces de madre
y dijo que ya volvía, cogió la gorra, y no volvió.
Los que estuvieron años en la montaña. Años
en la clandestinidad, en ciudades más peligrosas que la montaña.
Los que servían de correos en los senderos sombríos del norte,
o choferes en Managua, choferes de guerrilleros cada anochecer.
Los que compraban armas en el extranjero tratando con gángsters.
Los que montaban mítines en el extranjero con banderas y gritos
o pisaban la alfombra de la sala de audiencias de un presidente.
Los que asaltaban cuarteles al grito de Patria Libre o Morir.
El muchacho vigilante en la esquina de la calle liberada
con un pañuelo roji-negro en el rostro.
Los niños acarreando adoquines,
arrancando los adoquines de las calles
-que fueron un negocio de Somoza-
y acarreando adoquines y adoquines
para las barricadas del pueblo.
Las que llevaban café a los muchachos que estaban en las barricadas.
Los que hicieron las tareas importantes,
y los que hacían las menos importantes:
Esto fue una tarea de todos.
La verdad es que todos pusimos adoquines en la gran barricada.
Fue una tarea de todos. Fue el pueblo unido.
Y lo hicimos.

Ernesto Cardenal

(De Vuelos de victoria; 1984)

visitas