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martes, 19 de julio de 2011

poética de Roque Dalton


“Cuando usted tenga el ejemplo de la primera revolución socialista hecha por la «vía pacífica», le ruego que me llame por teléfono. Si no me encuentra en casa, me deja un recado urgente con mi hijo menor, que para entonces ya sabrá mucho de problemas políticos”. Eso decía Roque, y exime a cualquiera de la exégesis.
Distante de la solemnidad, con su praxis tan parecida a su poética, sentó posición en ese debate que ameritó cordilleras de papeles y costó millares de muertes. Sabiendo que el policía sensible, la revolución desarmada y el senador decente pertenecen al mismo dominio del imposible, Roque optó por luchar. Y por reírse de la gran producción de absurdos de la que a veces podemos ser capaces.

***

poética de Roque

“Poesía
Perdóname por haberte ayudado a comprender
que no estás hecha sólo de palabras.”

[Roque Dalton; “Arte poética 1974”]


Perdón;
             mis disculpas señores del jurado.
No sé si soy muy bueno en estas artes
(creo que voy perdiendo el visto bueno de
La Academia –¿o  nunca me ha admitido?).

Resulta ser que ando por los montes
y escribo clandestinas certidumbres;
y es de apuro: que sé hay muchas balas
que me buscan la frente presurosas.

Perdón, señores, sí: por el metro, por
el tono, por el barro en mis zapatos.
(Y le pido perdón a la poesía…)

Y escribo así mi verso más logrado:
poesía que se escribe con la pluma,
poesía que se escribe con el plomo.

Mariano Garrido
(En Otras variantes del grito; inédito)

sábado, 20 de junio de 2009

Roque, enemigo del fascismo


Aunque vista ropas coloridas o uniforme color caqui; use melena bohemia o peine su testa con gomina; sonría con pose progresista o enseñe los dientes... En cualquier caso, el fascismo es el fascismo. Parece simple. Los periódicos se encargan de dar cuenta de que no lo es tanto. Los amantes del "mal menor" que dicen conjurar a la derecha, y en pos de eso apoyan opciones de-derecha-pero-no-tanto, no hacen más que clausurar hasta la más remota pretensión de cambio. La resignación también es un arma de la derecha. Tal vez, una que muchas veces es más eficaz que los sables.
Aunque tenga rimel democrático o traje verdeoliva; use canciones populares o himnos marciales; sea un poco de derecha o del todo...

***

Consejo que ya no es necesario en ninguna parte del mundo pero que en El Salvador...

No olvides nunca
que los menos fascistas
de entre los fascistas
también son
fascistas.

Roque Dalton
(En Poemas clandestinos; 1975)

miércoles, 20 de agosto de 2008

Elegía vulgar para Francisco Sorto

Fotografía: Rodrigo Alfaro
(En el Cotolengo de Uribelarrea)

...Y en eso no va que viene Roque Dalton. Poeta, guerrillero, preso político. Y no va que Roque agarra y en vez de cantarse a sí mismo (y mire usted que le sobraba cuerda para hacerlo) le canta a otro preso; a un común, para colmo.

Hay que verlo a este Roque. El muy tozudo, el muy cojudo.

(Ahí va; va cantando maravillado como un niño porque un preso, todavía, canta.)

***
Elegía vulgar para Francisco Sorto


Francisco Sorto es un reo común de la Penitenciaría Central de El Salvador que perdió la razón a causa de un encierro de cuatro años en la terrible celda número nueve. Loco como está, deambula hoy silencioso entre los reos del presidio preventivo, y por las tardes, al ver pasar las golondrinas y los pericos desde el patio del penal, canta con los ojos llorosos y la voz sin ritmo, viejos tangos de Gardel...

Francisco Sorto tiene
nueve años de estar preso.

Mató
porque tenía que matar.

Porque tenía que ser duro y terrible
en su tierra reseca donde el pan no se nombra,
en su tierra reseca, reseca, reseca,
donde tan sólo cae el polvo sobre la risa ciega
y el cerebro sin letras
grita su calcinada música y su innumerable llanto.

Francisco Sorto tiene
nueve ojos de estar preso.

Nueve gritos de luz donde los siglos bailan
como niños pequeños.

Nueve "mil novecientos tantos" espantosos.

Nueve rascarse el corazón con piojos
y darse miedo de uno
con una palabrota a flor de dientes.

Nueve lágrimas negras de silencio y de frío

Nueve tenientes altos
riendo después de fusilar al aire,
haciéndonos llorar
como que hablan de ríos con fresca palazón en las riberas,
como que hablan de llanos que no tienen ni cercos de piedra
donde uno puede dormitar con la barriga ante los astros.

Nueve, carajo,
nueve años disfrazado de pescozón
y uno amarrado;
nueve años, nueve años,
nueve años que no le caben en la boca al mundo,
nueve años de los que se diría
que solamente son setenta y ocho mil
ochocientas cuarenta horas
si uno supiera de pupitres y números.

Francisco Sorto, hermoso
con su cara de mono
y limpio
como la húmeda tierra que nos escucha por los pies.
Francisco Sorto, solitario
en el centro de ochocientos penados.
Francisco Sorto sin visitas los domingos.
Fancisco Sorto curándose los golpes
con el excremento de las gallinas.
Francisco Sorto cuatro años a oscuras
y esposado, bien duro, en la celda de castigo.
Francisco Sorto,
qué grande,
qué maravilloso y hombre eres,
para que todavía no se te olvide cantar.

Roque Dalton
(De La ventana en el rostro; 1962)

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