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martes, 14 de julio de 2009

Rostros

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Detrás de la mira, la máscara y el casco, también hay un rostro. Tal vez moreno, como el del joven que cae muerto con el cráneo destruido. Esos parentescos no impiden que el soldado siga tirando y el pueblo siga cayendo. Habrá que buscar otras herramientas más eficaces que la paradoja lógico-argumentativa.
Los pueblos de Honduras o de Perú tal vez las encuentren.
(En el rostro que se apaga de un joven en Bagua, o en Tegucigalpa, palpitan otros rostros. En el rostro del soldado que tira, también se asoman otros. Llueven balas democráticas en Perú y balas golpistas en Honduras. Ambas matan. En sendos casos el pueblo aporta los caídos. El viejo capitalismo y sus renovables rostros, uno moreno a veces, humano para los ilusos; un rostro con el que muerde cuando tiene que morder, con el que mata cuando tiene que matar.)
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Poema de Alberto Vanasco, argentino; escritor y matemático. Y al ruedo, que la poesía hoy la escribirá el pueblo en Honduras, en Perú, o en cualquier calle (o en ninguna parte).

***

XXVIII

El joven poeta imberbe vietnamita
que cayó en su casamata
sin terminar su poema.

El músico de veinte años
que murió en Irlanda
sin formar su conjunto
sin componer su canción.

El estudiante fuerte y alegre
como mi hijo
que cayó en cualquier calle
de cualquier facultad
sin obtener su diploma.

El adolescente pintor
que sucumbió en Buenos Aires
con todos sus cuadros bosquejados
en su cabeza.

El hijo del minero
que cayó en Bolivia
sin ver la revolución.

El muchacho de cualquier parte,
muerto en cualquier sitio,
cuando empezaba a vivir.

El joven masacrado exterminado
por los lobos de siempre
en cualquier lugar de la tierra.

Todos ellos aguardan todavía
en la pupila y en el pulso
de los que siguen en la lucha,
esperan que entre todos
escribamos sus poemas,
hagamos sus canciones,
y terminemos sus cuadros
y la revolución.

Alberto Vanasco
(En Poesía política y combativa argentina; 1978)

miércoles, 6 de mayo de 2009

Los pobres


Hay quienes se preguntan cómo será que siendo tan pocos en Honduras, vivan allí tantos pobres. No faltarán quienes se pregunten por qué alguien que nació en un país donde uno de cada cinco no sabe leer, se empeña en escribir, y en hacerlo -además- pensando en todos. Hay quienes preguntan y quienes afirman; quienes se escabullen entre una minoría a la que pertenecen o a la que ansían ingresar, y quienes rechazan la exclusividad y su requisito: la exclusión.
Roberto Sosa; poeta. Alguna vez premio Adonais y Casa de las Américas en poesía, entre otros, dice que tal vez el logro mejor sea sentir sus versos en una canción casi anónima, o reconocerlos en una pancarta, o en una pared escrita por manos campesinas.
Hay quienes labran los versos, pero no para colocar en su entrada orfebres adornos o barrotes inexpugnables. Hay quien no cierra ninguna puerta ni ventana en la cara de nadie.
Éstos no son mayoría como los pobres. Pero son muchos.

Tampoco hay que olvidarlos.

***

Los pobres


Los pobres son muchos
y por eso
es imposible olvidarlos.

Seguramente
ven
en los amaneceres
múltiples edificios
donde ellos
quisieran habitar con sus hijos.

Pueden
llevar en hombros
el féretro de una estrella.

Pueden
destruir el aire como aves furiosas,
nublar el sol.

Pero desconociendo sus tesoros
entran y salen por espejos de sangre;
caminan y mueren despacio.

Por eso
es imposible olvidarlos.

Roberto Sosa
(De Los pobres; 1969)

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