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sábado, 25 de mayo de 2019

Despatriados, despatriadas




Es sabido. Lo dijo un pensador, que además de filósofo y teórico de la revolución social, fue poeta. Los pobres no tenemos patria. Es así porque nos la han negado desde siempre.
O bien tenemos una que nos es ajena.
Mi patria, por ejemplo, del tiro de gracia. Mi patria de vaquitas de otros y de guachitos con anemia que toman leche rebajada con agua. Mi patria de perros guardianes, desclasados, siempre con los dedos en la lata, siempre dándole al gatillo alegre, al decir de Walsh. La de funcionarios que instruyen y bendicen al sicario, y se persignan ante sus masacres cuando éstas escandalizan al electorado más de la cuenta.
La de 6.500 muertos por balas policiales y estatales desde el regreso de una democracia raquítica, incompleta por donde se mire, donde los ricos siguen teniendo derechos y el pueblo obligaciones, gobierne quien gobierne. La que mata guachitos, en la que los pobres no tienen (como pensaba Anatole France) siquiera la libertad de vivir bajo los puentes sin que hasta ahí los persigan y los traten de quemar vivos.
La patria en que es posible que el matonaje policial corra a tiros a cinco pibes y pibas, masacre a cuatro, patee lejos y desprolijamente las vainas de los proyectiles y amenace obscenamente a sus familias para que no abran la boca.
   
Mi patria, también, alumbrada a empujones y mil veces robada. La de los negros y negras, el mestizaje, la indiada, el gaucho sin tierra, la peonada fusilada y deslomada por el yugo y el rebenque. También la del pobrerío que se retoba. La de los ecos de las revueltas populares, del barro sublevado. Patria que, como decía Julio Huasi, será alguna vez alegría y nos verá vencer.

***

Guachito

Nadie le enseñó a la luna a deshacerse
en veintinueve noches y media,
ni a engordar después como un tazón de leche.
Y no hay nadie, acaso,
que se pregunte quién le enseñó a soñar a él.

Él sueña en la dársena del día
que una madre le acaricia el pelo mojado
(pero al despertar, allí no hay nadie);
sueña que lo tiene en su regazo alguien más que la lluvia
(y que nadie lo ahuyenta de un umbral en madrugada).

(Su casa sin paredes es una vereda interminable,
su país son seis baldosas frías donde sueña
tapado con papeles)
¿Puede nacer
del hielo del rocío
un sueño hecho de brasas?
(Él sueña
que no fue en sus ojos
de guachito sin nadie de la mano
donde se inventó el espanto.)
Él sueña:
con un barco
de cáscara de pan,
y a bordo
surca las crines de la noche,
los mares donde encuentra
tesoros escondidos;
entonces, toma entre sus manos pequeñas y ajadas
y se la bebe, como un tazón de leche tibia,
a aquella gruesa y cruel
luna de junio.


Mariano Garrido – 24/05/2019

miércoles, 17 de octubre de 2018

dos mil uno


Se acerca diciembre. Eso pasa cada doce meses, inexorablemente, podríamos decir. Sin embargo, bajo la piel de este diciembre palpitan otros, algo lejanos, pero a los que se les puede tomar el pulso y constatar su vida mediante sus latidos, lejanos pero regulares. Si uno para la oreja, si uno acerca la cara al asfalto, si uno trata de indagar en el viento, lo siente. 
"A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos", escribió alguien con maestría. Quién sabe. Más allá de que este diciembre caliente que se asoma no sea un segundo hemisferio calcado del primero, hay semejanzas. Y también certezas: hemos aprendido algunas cosas. Esta vez, trataremos de equivocarnos menos; es decir, de acertar más.

Porque esta vez diciembre deberá ser definitivo e irrevocable.


***



dos mil uno

En los últimos días de aquel año,
esta calle era más ancha.
Entonces sobresalían rieles, adoquines.
Y había una casa. Y su escalera interminable.
En esa calle, en esa casa
viví.

Camino con mi hijo de la mano. Tal vez
él no escuche cómo tose su canción ahora mismo
el Polaco Goyeneche, ni vea el humo subiendo por Caseros. Sé
que en esta calle caminé con otros.
Y quién sabe dónde, ahora... Pero entonces
tirábamos piedras a caballos, y acertábamos.
Con otros sumé tablones a una hoguera
que derritió el asfalto para que asomen viejas vías.

Mi pibe mira indiferente esa escalera interminable, me tira de la manga.
(Acá subí de dos en dos; acá, también, cuesta abajo,
cargué en un flete, solo, mi cama alguna vez.)
En esa calle en que hubo un sacramento de gases, perdigones,
mi hijo me reclama que sigamos viaje; que por qué me quedé ahí,
como estaqueado. Y yo
miro callado esta vidriera de quiniela, la memoria,
sin saber muy bien qué número buscar.
(Acá viví, acá
gasté mis desvelos; acá le pedí fiado a la suerte, algún diciembre;
acaso para que pueda guiarme, ahora, un crío de la mano,
como de la mano íbamos entonces con otros,
improvisando canciones y banderas;
acaso,
para que estés nacido).

Caminamos, nomás. 

Mariano Garrido

domingo, 6 de agosto de 2017

Fotos


Fotos

"Hallan asesinada a Anahí, la adolescente desaparecida. 
Estaba enterrada. No se sabía de ella desde el sábado. Tenía 16 años."
5-8-17




Todo el tiempo se apilan centenares de fotos
en ningún lado.
Es de noche y de pronto 
sos una imagen en la pantalla.
(Te nacen flores en la risa y en el pelo,
porque tenés dieciséis en esa foto). Pero hoy
son los tuyos los que te buscan, y aparición con vida,
y vivas nos queremos, cuando ayer
llevabas vos un cartel con una foto.

Te llamás Melina, Nadia, Araceli, Micaela, Nadia nuevamente.
O Anahí.
(Me pienso padre y repaso; el porvenir, 
vale decir, todo lo que vendrá
puede caber entre dos manos, pesar 
tan solo unos tres kilos, no saber
sino llorar. Y perpetuarse, también, en una foto. Porque todo lo bello
del mundo puede ser también todo lo frágil del mundo. Me pienso padre
y comparezco ante un teclado y digo
que nadie cría hijos
para que la tierra los devore.)

Cuando escriban 
la crónica de nuestros días,
quedarán como testimonio miles de fotos, y en ellas
la miseria de nuestro tiempo,
pero también el coraje
de quienes despreciaron el silencio.

El porvenir, todo lo frágil, puede acunarse entre dos manos
y ser destruido en un segundo.

Pienso, entonces, que hay que desaprender el llanto innato,
liquidar la muerte con violencia.

Mariano Garrido

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