jueves, 14 de marzo de 2013

No huele a rosas ni a jazmines



Un fervor muy parecido al chauvinismo inunda ciertos ámbitos locales. Tímidamente aún, y esperemos que dure la timidez, se festeja la unción del nuevo jefe de la Santa Sede entre nubarrones de incienso.

Tuvo que ser un poema escrito hace, nada menos, setenta y ocho años el que echara luz en este laberinto de un par de milenios.
"Poemas político-burlescos de la historia de España", los había definido su autor, que los había escrito al calor de la rebelión minera de Asturias; con urgencia, con sentido de la oportunidad, con vocación de cronista. Allí, en algo más que una docena de poemas reunidos en el libro El poeta en la calle, más precisamente en el apartado "El burro explosivo", el gran Rafael Alberti la emprendía sin medias tintas contra la Iglesia Católica, cómplice de la matanza de mineros; contra los caciques de la entonces emergente derecha; contra una generosa porción del sentido común ibérico de esos días, si se quiere. Esa arremetida fue frontal, sin eufemismos ni circunloquios, como corresponde... pero trabajosamente elaborada.
Será por eso que, casi ocho décadas después, Alberti nos presta unos versos actuales para hablar de algo que, definitivamente y sin remedio, no huele a rosas ni a jazmines, sino a viejo y a podrido.
Es decir, a mierda. 

***



LA IGLESIA MARCHA SOBRE LA CUERDA FLOJA

-Un, dos, tres.
-¿Quién va, quién es?
¿Adónde va Su Santidad?
-¡A bendecir la cristiandad!
Mis oraciones
darán más fuego a sus cañones.
Mi agua bendita
redoblará su dinamita.
Nuestra Señora
será la dulce cargadora
de los fusiles
de sus guardias civiles,
y Dios, el guía
de su secreta policía.

-Un, dos, tres.
-¿Quién va, quién es?
-¡Ven tú, banquero,
Devoto y mártir del dinero!
Cristo te ampara,
Su Santidad y su piara.
El cielo eterno
yo le prometo a tu gobierno;
paz en la tierra,
si al campesino hace la guerra;
vida infinita,
si a los obreros se las quita.
¡Banquero, hermano,
sube hasta mí, dame la mano,
que si la cuerda,
que si la cuerda
se rompe, iremos a la mierda!

Rafael Alberti;
en El poeta en la calle, 1935





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