
jueves 6 de agosto de 2009
martes 14 de julio de 2009
Rostros
´
Detrás de la mira, la máscara y el casco, también hay un rostro. Tal vez moreno, como el del joven que cae muerto con el cráneo destruido. Esos parentescos no impiden que el soldado siga tirando y el pueblo siga cayendo. Habrá que buscar otras herramientas más eficaces que la paradoja lógico-argumentativa.
Los pueblos de Honduras o de Perú tal vez las encuentren.
(En el rostro que se apaga de un joven en Bagua, o en Tegucigalpa, palpitan otros rostros. En el rostro del soldado que tira, también se asoman otros. Llueven balas democráticas en Perú y balas golpistas en Honduras. Ambas matan. En sendos casos el pueblo aporta los caídos. El viejo capitalismo y sus renovables rostros, uno moreno a veces, humano para los ilusos; un rostro con el que muerde cuando tiene que morder, con el que mata cuando tiene que matar.)
.
Poema de Alberto Vanasco, argentino; escritor y matemático. Y al ruedo, que la poesía hoy la escribirá el pueblo en Honduras, en Perú, o en cualquier calle (o en ninguna parte).
***
XXVIII
El joven poeta imberbe vietnamita
que cayó en su casamata
sin terminar su poema.
El músico de veinte años
que murió en Irlanda
sin formar su conjunto
sin componer su canción.
El estudiante fuerte y alegre
como mi hijo
que cayó en cualquier calle
de cualquier facultad
sin obtener su diploma.
El adolescente pintor
que sucumbió en Buenos Aires
con todos sus cuadros bosquejados
en su cabeza.
El hijo del minero
que cayó en Bolivia
sin ver la revolución.
El muchacho de cualquier parte,
muerto en cualquier sitio,
cuando empezaba a vivir.
El joven masacrado exterminado
por los lobos de siempre
en cualquier lugar de la tierra.
Todos ellos aguardan todavía
en la pupila y en el pulso
de los que siguen en la lucha,
esperan que entre todos
escribamos sus poemas,
hagamos sus canciones,
y terminemos sus cuadros
y la revolución.
Alberto Vanasco
(En Poesía política y combativa argentina; 1978)
***
XXVIII
El joven poeta imberbe vietnamita
que cayó en su casamata
sin terminar su poema.
El músico de veinte años
que murió en Irlanda
sin formar su conjunto
sin componer su canción.
El estudiante fuerte y alegre
como mi hijo
que cayó en cualquier calle
de cualquier facultad
sin obtener su diploma.
El adolescente pintor
que sucumbió en Buenos Aires
con todos sus cuadros bosquejados
en su cabeza.
El hijo del minero
que cayó en Bolivia
sin ver la revolución.
El muchacho de cualquier parte,
muerto en cualquier sitio,
cuando empezaba a vivir.
El joven masacrado exterminado
por los lobos de siempre
en cualquier lugar de la tierra.
Todos ellos aguardan todavía
en la pupila y en el pulso
de los que siguen en la lucha,
esperan que entre todos
escribamos sus poemas,
hagamos sus canciones,
y terminemos sus cuadros
y la revolución.
Alberto Vanasco
(En Poesía política y combativa argentina; 1978)
sábado 20 de junio de 2009
Roque, enemigo del fascismo

Aunque vista ropas coloridas o uniforme color caqui; use melena bohemia o peine su testa con gomina; sonría con pose progresista o enseñe los dientes... En cualquier caso, el fascismo es el fascismo. Parece simple. Los periódicos se encargan de dar cuenta de que no lo es tanto. Los amantes del "mal menor" que dicen conjurar a la derecha, y en pos de eso apoyan opciones de-derecha-pero-no-tanto, no hacen más que clausurar hasta la más remota pretensión de cambio. La resignación también es un arma de la derecha. Tal vez, una que muchas veces es más eficaz que los sables.
Aunque tenga rimel democrático o traje verdeoliva; use canciones populares o himnos marciales; sea un poco de derecha o del todo...
***
Consejo que ya no es necesario en ninguna parte del mundo pero que en El Salvador...
No olvides nunca
que los menos fascistas
de entre los fascistas
también son
fascistas.
Roque Dalton
(En Poemas clandestinos; 1975)
miércoles 6 de mayo de 2009
Los pobres

Hay quienes se preguntan cómo será que siendo tan pocos en Honduras, vivan allí tantos pobres. No faltarán quienes se pregunten por qué alguien que nació en un país donde uno de cada cinco no sabe leer, se empeña en escribir, y en hacerlo -además- pensando en todos. Hay quienes preguntan y quienes afirman; quienes se escabullen entre una minoría a la que pertenecen o a la que ansían ingresar, y quienes rechazan la exclusividad y su requisito: la exclusión.
Roberto Sosa; poeta. Alguna vez premio Adonais y Casa de las Américas en poesía, entre otros, dice que tal vez el logro mejor sea sentir sus versos en una canción casi anónima, o reconocerlos en una pancarta, o en una pared escrita por manos campesinas.
Hay quienes labran los versos, pero no para colocar en su entrada orfebres adornos o barrotes inexpugnables. Hay quien no cierra ninguna puerta ni ventana en la cara de nadie.
Éstos no son mayoría como los pobres. Pero son muchos.
Tampoco hay que olvidarlos.
***
Los pobres
Los pobres son muchos
y por eso
es imposible olvidarlos.
Seguramente
ven
en los amaneceres
múltiples edificios
donde ellos
quisieran habitar con sus hijos.
Pueden
llevar en hombros
el féretro de una estrella.
Pueden
destruir el aire como aves furiosas,
nublar el sol.
Pero desconociendo sus tesoros
entran y salen por espejos de sangre;
caminan y mueren despacio.
Por eso
es imposible olvidarlos.
Roberto Sosa
(De Los pobres; 1969)
martes 28 de abril de 2009
Responso

Hace unos 67 años más un mes, le negaban al reo el perdón divino y, más importante que tal cosa, el médico terrenal. Moría Miguel Hernández en prisión, sin medicina y lejos de los suyos.
Hace unos 66 años, justamente, Benito Mussolini, que en vano había querido escapar de su país disfrazado y sin pelear, cobraba lo suyo, a su turno, y a manos de los partisanos. Suplicó al entregarse; cuentan que inútilmente ofreció a sus captores sobornos a cambio de una huida. Definitivamente, este soldado se parecía poco a aquel hombrón vociferante y altanero que ordenaba ahorcar guerrilleros o sindicalistas sin importar edad o sexo.
No es de buen cristiano desearle la muerte a nadie, dicen. Tal vez sea así; que se encarguen los buenos cristianos de desmentirlo.
Hace sesenta y seis años, quizás a manos de otro comunista que, hasta tal vez, masticase alguno de estos versos, una escupida fría llegaba a destino, y encontraba un ex-dictador sanguinario, transmutado hacía segundos en sollozante y suplicante reo, y ya en ese momento, en resaca.
Junto a la basura del camino, hubo de pudrirse finalmente el dictador.
Requiem in pace.
***
Ceniciento Mussolini
Ven a Guadalajara, dictador de cadenas,
carcelaria mandíbula de canto:
verás la retirada miedosa de tu hienas,
verás el apogeo del espanto.
carcelaria mandíbula de canto:
verás la retirada miedosa de tu hienas,
verás el apogeo del espanto.
Rumorosa provincia de colmenas,
la patria del panal estremecido,
la dulce Alcarria, amarga como el llanto,
amarga te ha sabido.
Ven y verás, mortífero bandido,
ruedas de tus cañones,
banderas de tu ejército, carne de tus soldados,
huesos de tus legiones,
trajes y corazones destrozados.
Una extensión de muertos humeantes:
muertos que humean ante la colina,
muertos bajo la nieve,
muertos sobre los páramos gigantes,
muertos junto a la encina,
muertos dentro del agua que les llueve.
Sangre que no se mueve
de convertida en hielo.
Vuela sin pluma un ala numerosa,
rojo y audaz, que abarca todo el cielo
y abre a cada italiano la explosión de una fosa.
Un titánico vuelo
de aeroplanos de España
te vence, te tritura,
ansiosa telaraña,
con su majestuosa dentadura.
Ven y verás sobre la gleba oscura
alzarse como un fósforo glorioso,
sobreponerse al hambre, levantarse del barro,
desprenderse del barro con emoción y brío
vívidas esculturas sin reposo,
españoles del bronce más bizarro,
con el cabello blanco de rocío.
Los verás rebelarse contra el frío,
de no beber la boca dilatada,
mas vencida la sed con la sonrisa:
de no dormir extensa la mirada,
y destrozada a tiros la camisa.
Manda plomo y acero
en grandes emisiones combativas,
con esa voluntad de carnicero
digna de que la entierren las más sucias salivas.
Agota las riquezas italianas,
la cantidad preciosa de sus seres,
deja exhaustas sus minas, sin nadie sus ventanas,
desiertos sus arados y mudos sus talleres.
Enviuda y desangra sus mujeres:
nada podrás contra este pueblo mío,
tan sólido y tan alto de cabeza,
que hasta sobre la muerte mueve su poderío,
que hasta del junco saca fortaleza.
nada podrás contra este pueblo mío,
tan sólido y tan alto de cabeza,
que hasta sobre la muerte mueve su poderío,
que hasta del junco saca fortaleza.
Pueblo de Italia, un hombre te destroza:
repudia su dictamen con un gesto infinito.
Sangre unánime viertes que ni roza,
ni da en su corazón de teatro y granito.
Tus muertos callan clamorosamente
y te indican un grito
liberador, valiente.
Dictador de patíbulos, morirás bajo el diente
de tu pueblo y de miles.
Ya tus mismos cañones van contra tus soldados,
y alargan hacia ti su hierro los fusiles
que contra España tienes vomitados.
Tus muertos a escupirnos se levanten:
a escupirnos el alma se levanten los nuestros
de no lograr que nuestros vivos canten
la destrucción de tantos eslabones siniestros.
Miguel Hernández
(De Viento del pueblo; 1937)
martes 21 de abril de 2009
Nosotros no mentiremos

Una poesía que no mienta, que no sea rebusque amanerado, ni sortija escondida en el delantal de los modistos, ni señuelo para amantes de la gran novedad. Casi estampido, casi susurro. Pólvora y laurel.
(Poetas de verdad la entonarán sin engolar la voz.)
Nadie faltaría a la verdad si dijese que se parecerá al parche de cuero de un de tambor que vibre, a la risa incompleta de un niño campesino, o a un sobresalto en la siesta soleada de una plantación. O a los mismos versos de Romero.
***
Nosotros no mentiremos
Nosotros no mentiremos,
no habremos de recurrir al oro falso
como quienes apelan de pronto a una impostura;
no diremos que las lluvias traen paz y las inundaciones beneficio,
que pueden las cordilleras bajar a las llanuras,
o que en días aciagos el fervor se mantiene
como un metal de permanente brillo.
.
No, nosotros no mentiremos;
no elegiremos al hijo un sitio fatuo,
no instaremos a su alma a la mansedumbre
ni al inútil orgullo que desvía la luz de la justicia.
.
No iremos a compartir la mesa
de los mercaderes, no armaremos las trampas
que ellos preparan a los pájaros desorientados en invierno,
no deformaremos tampoco nuestra historia de amor y de penurias
y la ofrecemos tal cual sea en su copa de fiebre y de tormento;
y si tuviésemos que edificar en la ilusión
y en el tul del ensueño, nuestro abrazo perenne
será veraz, desgarrador y puro,
de modo tal que puedan acercarse a este sitio los claros y los simples.
No, no diremos siquiera
que no envejeceremos, no subiremos a las nubes
ni bajaremos de las nubes, y sólo así, con el cáliz en alto, ayudaremos a vivir
con nuestra sola verdad clara, con el idéntico
gesto con que ayudamos a atravesar la calle a los mendigos,
y seremos los primeros y los últimos,
igual a todos los mortales masticando su yerba.
.
No, nosotros no mentiremos.
Elvio Romero
(De El viejo fuego; 1969)
Elvio Romero
(De El viejo fuego; 1969)
domingo 5 de abril de 2009
Abril: aquí yacen

Abril empieza mal. El calendario trae otoños, y el recuerdo de una guerra absurda perdida de antemano, y el recuerdo de una guerra más remota que se pierde en la batalla, y el retazo del fusilamiento de un maestro, y pare ahí.
Abril empieza mal. Y esto ya parece un obituario. Y algo así le había dicho cierto jerarca a un poeta criticándole su libro. Y es que nuestra historia viene teniendo la despareja particularidad de que el pueblo aporte de manera sobreabundante, casi exclusiva, los cadáveres, le habría contestado aquel poeta.
Abril empieza mal, y pasa el fantasma de Fuentealba deteniendo una hoja de almanaque, y el de Tuñón recitándonos la Guerra de España, y muchos otros de cara aún ignota, prometiéndonos una suerte bien posible de fantasmas si no hacemos que algún día abril termine de otra forma.
Abril: aquí yacen los que lucharon.
***
CI YACET
« Ci yacet pulvis; cines et nihil. »
(Inscripción en la tumba del
cardenal Portocarrero.)
Aquí yacen ceniza, polvo y nada.
Cayeron en el centro de la lucha,
cayeron en el centro de la tarde
a la perfecta soledad, madura.
Aquí yacen ceniza y polvo y nada,
pero su sangre corre en nuestra sangre
que ceniza no es, ni polvo y nada.
Pero su sueño vive en nuestro sueño
que ceniza no es, ni polvo y nada,
que polvo no es y no es ceniza y nada.
Y su alegría está en nuestra sonrisa
que ceniza no es ni polvo y nada,
que nada no es ni polvo ni ceniza.
Aquí yacen ceniza y polvo y nada
los que fueron de carne, sangre y hueso,
y en nuestra carne y sangre y hueso nacen,
muerte fecunda en el vital proceso.
Polvo y ceniza y nada no es su muerte,
que la muerte, en la lucha no es la muerte,
no pongáis epitafios a su muerte.
Transformación constante, cielo y tierra,
el sol, el agua, el aire es epitafio,
en la paz y en la guerra de la tierra.
De la tierra vinieron y a la tierra
volvieron y la tierra los devuelve.
Son la Historia, que sigue.
Son la Revolución, que nunca muere.
Raúl González Tuñón
(En La muerte en Madrid; 1939)
« Ci yacet pulvis; cines et nihil. »
(Inscripción en la tumba del
cardenal Portocarrero.)
Aquí yacen ceniza, polvo y nada.
Cayeron en el centro de la lucha,
cayeron en el centro de la tarde
a la perfecta soledad, madura.
Aquí yacen ceniza y polvo y nada,
pero su sangre corre en nuestra sangre
que ceniza no es, ni polvo y nada.
Pero su sueño vive en nuestro sueño
que ceniza no es, ni polvo y nada,
que polvo no es y no es ceniza y nada.
Y su alegría está en nuestra sonrisa
que ceniza no es ni polvo y nada,
que nada no es ni polvo ni ceniza.
Aquí yacen ceniza y polvo y nada
los que fueron de carne, sangre y hueso,
y en nuestra carne y sangre y hueso nacen,
muerte fecunda en el vital proceso.
Polvo y ceniza y nada no es su muerte,
que la muerte, en la lucha no es la muerte,
no pongáis epitafios a su muerte.
Transformación constante, cielo y tierra,
el sol, el agua, el aire es epitafio,
en la paz y en la guerra de la tierra.
De la tierra vinieron y a la tierra
volvieron y la tierra los devuelve.
Son la Historia, que sigue.
Son la Revolución, que nunca muere.
Raúl González Tuñón
(En La muerte en Madrid; 1939)
miércoles 1 de abril de 2009
Así cae mi pueblo

Sin tantos flashes. Opacado por la noticia del deceso de un viejo cacique del sistema. Con un apenas "muere un manifestante", en algún recuadro de algún medio, y porque pasó en Europa, donde se reunía el G-20. Y ante algún infaltable comentario que elogiará de todas maneras a la policía del Primer Mundo, humana, sin armas letales.
Y gracias. Cuando las cooredenadas son, en cambio, las del suburbio, ni eso, ni noticia. ¿Como le ha ocurrido al joven Luciano Arruga? ¿Otro Miguel Bru? ¿Hablarán las artistas de vodevil de la inseguridad por esto? ¿Dirán de la policía que quien mata tiene que morir?
La prensa manda. Aquí y allí. A la fosa común de la noticia.
Así cae mi pueblo. Y aquí.
***
Aquí cae mi pueblo
Aquí cae mi pueblo. A esta olla podrida de la fosa
común. Aquí es salitre el rostro de mi pueblo.
Aquí es carbón el pelo de las mujeres de mi pueblo,
que tenían cien hijos y que nunca abortaban como las meretrices
de los salones refinados en que se compra la belleza.
Aquí duermen los ángeles de las mujeres que parían
todos los años. Aquí late el corazón de mis hermanos.
Mi madre duerme aquí, besada por mi padre.
Aquí duerme el origen de nuestra dignidad:
lo real, lo concreto, la libertad y la justicia.
Gonzalo Rojas
(En "Desde abajo", en el libro Contra la muerte y otras visiones; 2007)
martes 24 de marzo de 2009
24

"Yo soy un poeta, no un hacedor de versos bonitos", decía el herrero Dardo Dorronzoro, que, claro, además hacía bellos versos.
Otro veinticuatro y con ausencias. Entre otros, y en parte, la poesía. Porque, se sabe: un poco se la llevaron con Paco, y otro tanto con Santoro. Antes fusilada con Roque y muerta en un presidio con Miguel. Pero por ahí anda, dicen. La vieron la otra noche. No; no era en salones, ni en la vidriera de ninguna boutique, como pretenden más de cuatro. Ni en uno de esos laberintos tan nuevos e ingeniosos que hacen ahora, esos en los que no dejan entrar a los paisanos, y de los que no dejan salir a las ideas. Tampoco en la casa de cotillón, ni en esos negocios que sirven para decorar butacas, escritorios, papeles.
La vieron pasar de mano en mano. Y uno, que se la pasaba fresquita a otro, tal vez le decía al oído a ambos:
-Que sirva para decir presente.
Ahí va la poesía, no más. Viva como la memoria.
***
No anda sola
Otra vez nos miran sus ojos
que se han levantado del suelo.
Nos miran y esperan
algo de nosotros.
Yo tengo un poema, les digo, una piola
con piedritas y caracoles. Y un barrilete
de polaroid y una cuchara,
un castillo de fósforos
y un hipopótamo de plastilina.
Nos miran,
pacientes. Saben que es inevitable
la vida y nos tienen aferrados a un sueño.
La muerte, nos dicen sus ojos, no metan
nuestra muerte en la sala de un museo,
que no hay lugar para la belleza
si el mundo sigue podrido
como cuando éramos nosotros
el sueño de otros cambiando
las cosas.
Otra vez nos miran sus ojos
que se han levantado del suelo
cumplir con los rituales de la efeméride.
Nos dicen: no anda sola la memoria,
las evocaciones no alcanzan,
el sueño hay que vivirlo y de ahí para adelante.
Yo tengo un trocito de madera, les digo,
lápices sin punta de clavarlos en la mesa, una pared
con sus nombres en la barriada
y algunas piedras apuntadas al cielo.
Nos vuelven la mirada,
nos dicen, tironeando la solapa:
aquí están nuestros ojos
para que vean el mundo
que nos queda por hacer, no guarden
estos ojos en un cajón para abrir
con cada otoño,
estamos
en el mismo sueño,
caminamos con ustedes.
Otra vez nos miran sus ojos
que se han levantado del suelo.
Nos miran y esperan
algo de nosotros.
Yo tengo un poema, les digo, una piola
con piedritas y caracoles. Y un barrilete
de polaroid y una cuchara,
un castillo de fósforos
y un hipopótamo de plastilina.
Nos miran,
pacientes. Saben que es inevitable
la vida y nos tienen aferrados a un sueño.
La muerte, nos dicen sus ojos, no metan
nuestra muerte en la sala de un museo,
que no hay lugar para la belleza
si el mundo sigue podrido
como cuando éramos nosotros
el sueño de otros cambiando
las cosas.
Otra vez nos miran sus ojos
que se han levantado del suelo
cumplir con los rituales de la efeméride.
Nos dicen: no anda sola la memoria,
las evocaciones no alcanzan,
el sueño hay que vivirlo y de ahí para adelante.
Yo tengo un trocito de madera, les digo,
lápices sin punta de clavarlos en la mesa, una pared
con sus nombres en la barriada
y algunas piedras apuntadas al cielo.
Nos vuelven la mirada,
nos dicen, tironeando la solapa:
aquí están nuestros ojos
para que vean el mundo
que nos queda por hacer, no guarden
estos ojos en un cajón para abrir
con cada otoño,
estamos
en el mismo sueño,
caminamos con ustedes.
Hernán Boeykens
(Inédito)
jueves 12 de marzo de 2009
Rebelde

Casi ochenta años, y unos cuantos de esos haciendo poesía. Escritor sencillo de conducta rebelde, hizo al revés que unos cuantos: siendo cubano, vivía en Estados Unidos, y al triunfo de la revolución regresó a radicarse en Cuba. Un verso allí donde hay un tema poético. Una palabra breve, allí donde no hace falta que sobren explicaciones, gestos, ni palabras.
Tanka del rebelde
Tú que abres, dócil,
la puerta de servicio,
nunca lo olvides:
la puerta principal
espera tu violencia.
Pablo Armando Fernández
(En Campo de amor y de batalla; 1984)
jueves 19 de febrero de 2009
Óscar Hahn y sus retratos
Óscar Hanh, Premio Lezama Lima de Poesía Casa de las Américas 2008.
Con una pincelada retratará el amor esquivo. Con una pincelada, el tiempo que huye irreparable. Pincelada para una imagen en que el deshielo en un bosque de almendros da la espalda a un estallido que arrasa otros bosques.
Con una pincelada retratará el amor. Con otra o con la misma denunciará la muerte absurda en una guerra; al Pentágono y sus matarifes ensangrentados de niños; a la Casa Blanca y sus funcionarios de traje almidonado. Y así con muchas cosas, sin prohibir a nadie entrar a su poesía.
Todo en un abrir y cerrar de ojos.
***
Secretario de Estado
Lavaste tu conciencia
y la colgaste en el cordel
donde se seca la ropa limpia
Pero cayeron gotas de agua sucia
que formaron un charco
y luego un río turbio
que fue a dar a la mar
Por ese mar navegan acorazados
destroyers portaviones
submarinos atómicos
que escupen fuego radiactivo
Los que no tienen nada
sólo tuvieron que lavar su sangre
y recoger a los heridos
y enterrar a sus muertos
Óscar Hahn
(En En un abrir y cerrar de ojos; 2008)
Lavaste tu conciencia
y la colgaste en el cordel
donde se seca la ropa limpia
Pero cayeron gotas de agua sucia
que formaron un charco
y luego un río turbio
que fue a dar a la mar
Por ese mar navegan acorazados
destroyers portaviones
submarinos atómicos
que escupen fuego radiactivo
Los que no tienen nada
sólo tuvieron que lavar su sangre
y recoger a los heridos
y enterrar a sus muertos
Óscar Hahn
(En En un abrir y cerrar de ojos; 2008)
miércoles 10 de diciembre de 2008
Vallejo y la vanguardia

¿Se puede ser un artista de vanguardia y a la vez comunista? ¿Ser sutil y militante? ¿Puede eso el poeta?
Puede, y puede morirse en París con aguacero. Puede, y puede escribir de socavones o del vino; de diptongos o de guerras.
Aquí está César Vallejo, en la certeza de que la vanguardia tiene una función que no es decorativa. Aquí, apuntalando la idea de que si una transgresión no busca hacer estallar a su época, sino sólo a un par de convenciones, es apenas una mueca de vodevil.
Aquí va, con una linterna; contra el secreto profesional y los profesionales del secreto. Aquí, antifascista y cantándole a los militantes del Frente Popular en la España roja.
Aquí: adelante y marcando el paso.
***
VIII
Ramón Collar,
prosigue tu familia soga a soga,
se sucede,
en tanto que visitas, tú, allá, a las siete espadas, en Madrid,
en el frente de Madrid.
¡Ramón Collar, yuntero
y soldado hasta yerno de tu suegro,
marido, hijo limítrofe del viejo Hijo del Hombre!
Ramón de pena, tú, Collar valiente,
paladín de Madrid y por cojones; Ramonete,
aquí,
los tuyos piensan mucho en tu peinado!
y soldado hasta yerno de tu suegro,
marido, hijo limítrofe del viejo Hijo del Hombre!
Ramón de pena, tú, Collar valiente,
paladín de Madrid y por cojones; Ramonete,
aquí,
los tuyos piensan mucho en tu peinado!
¡Ansiosos, ágiles de llorar, cuando la lágrima!
¡Y cuando los tambores, andan; hablan
delante de tu buey, cuando la tierra!
¡Ramón! ¡Collar! ¡A ti! ¡Si eres herido,
no seas malo en sucumbir; refrénate!
Aquí,
tu cruel capacidad está en cajitas;
aquí,
tu pantalón oscuro, andando el tiempo,
sabe ya andar solísimo, acabarse;
aquí,
Ramón, tu suegro, el viejo,
te pierde a cada encuentro con su hija!
no seas malo en sucumbir; refrénate!
Aquí,
tu cruel capacidad está en cajitas;
aquí,
tu pantalón oscuro, andando el tiempo,
sabe ya andar solísimo, acabarse;
aquí,
Ramón, tu suegro, el viejo,
te pierde a cada encuentro con su hija!
¡Te diré que han comido aquí tu carne,
sin saberlo,
tu pecho, sin saberlo,
tu pie;
pero cavilan todos en tus pasos coronados de polvo!
sin saberlo,
tu pecho, sin saberlo,
tu pie;
pero cavilan todos en tus pasos coronados de polvo!
¡Han rezado a Dios,
aquí;
se han sentado en tu cama, hablando a voces
entre tu soledad y tus cositas;
no sé quién ha tomado tu arado, no sé quién
fue a ti, ni quién volvió de tu caballo!
aquí;
se han sentado en tu cama, hablando a voces
entre tu soledad y tus cositas;
no sé quién ha tomado tu arado, no sé quién
fue a ti, ni quién volvió de tu caballo!
¡Aquí, Ramón Collar, en fin, tu amigo!
¡Salud!, hombre de Dios, mata y escribe.
¡Salud!, hombre de Dios, mata y escribe.
César Vallejo
(En España, aparta de mi este cáliz; 1938)
(En España, aparta de mi este cáliz; 1938)
martes 2 de diciembre de 2008
Santoro y la justicia poética

De junio a abril caben muchos soles, muchas flores, muchos versos. Por ejemplo, versos con barro debajo de la suela, con laburantes que salen amargados de una cancha, con casas de lata y sus profusos pobladores. Poemas como los de Santoro, que vivió y amasó versos hasta que lo secuestraron algún junio.
En junio del '77, por ejemplo, habitan muchos fríos. Y de abril a junio, caben grises tardes, frescas lluvias, recios vientos. También poetas como Santoro, que había llegado en un abril, pero casi cuarenta abriles antes a aquel junio.
Hoy, que no es abril y que no es junio, desde una tarde con olor a tilos hay quien lo recuerda. Hay quien cree en la venganza del poema -y no es mentira- contrapuesta al anónimo verdugo, perdido, desdibujado, vergonzante. Y hay también quien cree en que esa justicia poética no alcanza; y más cuando se acerca otro abril sin que pueda estar Roberto, ni los versos que dejó por escribir.
Pero hay algo muy cierto: de abril a junio caben muchas lluvias (y poemas); de junio a abril caben muchas flores (y poemas).
Ningún verdugo habitará nunca la lluvia, ni la flor. Ni ningún poema.
***
Roberto Santoro, poeta
La luz, medrosa, se repliega
y las lágrimas ruedan por los pómulos
de la impotencia y la resignación.
Sólo eres un nombre en una lista.
Pero yo creo
en la venganza del poema.
No haya paz en la tumba del verdugo.
Antonio Requeni
(En la antología Amar al prójimo; 1996)
lunes 24 de noviembre de 2008
Llega correo de Manuel

Señores poetas: desde algún recoveco del Perú o de la historia; desde un librito descuajado y polvoriento que ningún pope de la pasarela cultural citará, desde el olvidado anaquel de poesía en la librería de viejo, llegan estas líneas de Manuel. Tal vez desde ese Perú que cierta vez lo echó a patadas con sus botas, o a puntazos con sus bayonetas; acaso desde uno de sus relatos, esos en los que él dejaba entrar a todos: mendigo y capataz, gerente y cholo, politiquero y dirigente campesino, y a todos les daba la justa voz, y a todos vestía con sus ropas, que eran iguales a las de la vida, pero bien distintas. Digo; que Scorza sale, tal vez desde un libro, y plantea lo que sigue a continuación. Digo, señores poetas: apaguen los celulares, los i-pods y las laptops. Digo que saquen una libreta. Y tomen nota.
***
Epístola a los poetas que vendrán
Tal vez mañana los poetas pregunten
por qué no celebramos la gracia de las muchachas;
por qué no celebramos la gracia de las muchachas;
tal vez mañana los poetas pregunten
por qué nuestros poemas
eran largas avenidas
por donde venía la ardiente cólera.
.
Yo respondo:
por todas partes oíamos el llanto,
por todas partes nos sitiaba un muro de olas negras.
¿Iba a ser la Poesía
una solitaria columna de rocío?
Tenía que ser un relámpago perpetuo.
.
Mientras alguien padezca,
la rosa no podrá ser bella;
mientras alguien
mire el pan con envidia,
el trigo no podrá dormir;
mientras llueva sobre el pecho de los mendigos
mi corazón no sonreirá.
mi corazón no sonreirá.
.
Matad la tristeza, poetas.
Matemos a la tristeza con un palo.
Hay cosas más altas
que llorar amores perdidos:
el rumor de un pueblo que despierta
¡es mas bello que el rocío!
El metal resplandeciente de su cólera,
¡eso es más bello que la espuma!
Un Hombre Libre,
¡es más puro que el diamante!
.
El poeta libertará al fuego
de su cárcel de ceniza.
El poeta encenderá la hoguera
donde se queme este mundo sombrío.
Manuel Scorza
(En Antología de la poesía social y revolucionaria del siglo XX; 2002)
de su cárcel de ceniza.
El poeta encenderá la hoguera
donde se queme este mundo sombrío.
Manuel Scorza
(En Antología de la poesía social y revolucionaria del siglo XX; 2002)
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