jueves, 12 de enero de 2017

Chubut: el hondo susurro de los asesinados


"La poesía es el hondo susurro de los asesinados", define el poeta desde el propio verso. No viene mal recordarlo.
En la misma semana en que el poder mediático y político de los que mandan desde siempre recarga el discurso y carga a los bastonazos, respectivamente, contra senegaleses, peruanos y criollos pobres que venden baratijas en las veredas de un barrio castigado como pocos por la exclusión, en el sur se arremete contra los mapuches, también pobres. A unos se los acusa por su ilegalidad y extranjería. Esto basta para que sean apaleados con toda justicia. A otros se los acusa de terroristas, y también, de paso, de extranjeros. En ambos casos, los acusados son los garroteados. 
Pocos son los que alzan la voz señalando que, si hablamos de extranjería, hay un empresario italiano que posee un millón de hectáreas en la Patagonia, compradas a precio vil, y es justamente el principal beneficiario de la brutal represión, balas de plomo mediante, a los pobladores mapuches.
Y, si de alzar la voz se trata, ¿puede la poesía mantenerse inmaculada ante tanta salpicadura de sangre pobre? ¿Qué piensan los poetas de hoy ante las balas que silvan del otro lado de las ventanas? ¿Subirán el volumen en sus dispositivos de audio, pedirán que su atalaya sea diez metros más alta para que el humo de las gomas quemándose no irrumpa en sus salones, pondrán persianas más gruesas para que la realidad no interfiera y se entrometa en sus estudios?
Elicura Chihuailaf. Poeta mapuche, lo mismo da para el caso que haya nacido de aquel lado de la cordillera. Es la misma vaina cuando de tirotear pobres se trata.
La poesía, el hondo susurro de los asesinados -nos dice- resiste entre el pueblo pobre. En un puño cerrado, o en la piedra que asoma en una honda, cuando no hay otra manera de resistir a los asesinos, a los dueños de todo y a sus zorros que van cruzando los campos.   

***

Mi padre y yo solemos charlar hasta la madrugada
bebiendo el vino de la pena
y la esperanza
¿Alguien puede evitar el otoño del oeste?
me dice
los ríos van perdiendo su profundidad
el caudal de la sabiduría
y comienzan a añorar el silencio
de sus bosques
Nosotros pensamos en el hijo, el hermano
aún en el exilio
Hablamos de luchar, mientras los zorros
cruzan gritando nuestros campos

Mi padre y yo, envejecidos
ahora nos miramos entre lágrimas.

Elicura Chihuailaf
En De sueños azules; 2008

 

domingo, 2 de octubre de 2016

Colmbia, Hikmet y la paz que nos deben



En Colombia, con un gran índice de ausentismo en las votaciones, se impone el NO que militó el uribismo y la CNN; el NO a la paz. Un NO que es afirmación de una avanzada reaccionaria de la derecha más recalcitrante en nuestro continente.
En momentos como estos, uno puede preguntarse si acaso se equivocó de siglo, de planeta, de especie.
O echar mano a la poesía. A Hikmet, por ejemplo. Cuando Nazim hablaba de su siglo, que lo vio más preso o exiliado que libre, y decía "mi siglo miserable, escandaloso,/ mi siglo valeroso, grande, heroico."
Nosotros no vamos a desertar de la pelea por una paz con justicia social.
La paz que vamos a conquistar no va a ser como la de los burgueses.
Y vamos a pelear hasta el final por ella.

 ***


El siglo XX

        "Dormirse ahora,
y despertar dentro de cien años, amor mío ... "
"No.
No soy un desertor,
mi siglo no me asusta:
mi siglo miserable, escandaloso,
mi siglo valeroso, grande, heroico.
No me ha pesado nunca
haber venido demasiado pronto al mundo.
Al siglo veinte pertenezco, y me llena de orgullo.
Me basta con estar ahí donde estoy,
entre vosotros. Y con luchar
por un mundo nuevo..."

"Dentro de cien años, amor mío ... "
“-No. Porque pronto y a pesar de todo,
mi siglo moribundo y renaciente,
mi siglo cuyos días finales serán bellos,
mi terrible noche desgarrada por gritos de amanecer,
mi siglo estallará de sol, como tus ojos, amor mío."

Nazim Hikmet;
en A pesar de todos estos muros

 

martes, 9 de agosto de 2016

Fidel y las puertas de la Historia







“Dirán exactamente de fidel/ gran conductor el que incendió la historia etcétera/ pero el pueblo lo llama el caballo y es cierto/ fidel montó sobre fidel un día/ se lanzó de cabeza contra el dolor contra la muerte”. Así comienza el poema en que Juan Gelman talla en la hoja el contorno de ese gigante que es Fidel. Así comienza el poema, y Fidel no termina.
Noventa veces Fidel; el que la CIA quiso matar cien veces y no pudo; el que asaltó cuarteles de la tiranía; el que desde prisión lanzó su alegato y prometió volver… y lo hizo. El que peleó en el monte y en el llano; el que condujo a la victoria a su pueblo y logró la derrota del imperialismo en suelo americano.
El que cantaron los poetas y saludan los pueblos.
“Historia agranda tus portones/ entramos con fidel con el caballo”.

***

Canto a Fidel


Vámonos,
ardiente profeta de la aurora,
por recónditos senderos inalámbricos,
a liberar el verde caimán que tanto amas.
Vámonos.
Derrotando afrentas con la frente
–Plena  de martianas estrellas insurrectas–
juremos lograr el triunfo o encontrar la muerte.
Cuando suene el primer disparo y se despierte,
en virginal asombro, la manigua entera,
allí a tu lado, serenos combatientes,
nos tendrás.
Cuando tu voz derrame hacia los cuatro vientos:
Reforma Agraria, justicia, pan, libertad,
allí a tu lado, con idénticos acentos,
nos tendrás.
Y cuando se llegue al final de la jornada
(la sanitaria operación contra el tirano),
allí a tu lado, aguardando la postrer batalla,
nos tendrás.
El día que la fiera se lama el flanco herido
donde el dardo nacionalizador le dé,
allí a tu lado, con el corazón altivo,
nos tendrás.
(No pienses que puedan menguar nuestra entereza
las decoradas pulgas armadas de regalos;
perdimos un fusil, sus balas y una peña.
Nada más).
Y si en nuestro camino se interpone el hierro,
pedimos un sudario de cubanas lágrimas
para que se cubran los guerrilleros huesos
en el tránsito a la historia americana.
Nada más.

Ernesto Che Guevara; 1956

***

A Fidel

Fidel, Fidel, los pueblos te agradecen
palabras en acción y hechos que cantan,
por eso desde lejos te he traído
una copa del vino de mi patria:
es la sangre de un pueblo subterráneo
que llega de la sombra a tu garganta,
son mineros que viven hace siglos
sacando fuego de la tierra helada.
Van debajo del mar por los carbones
Y cuando vuelven son como fantasmas:
se acostumbraron a la noche eterna,
les robaron la luz de la jornada
y sin embargo aquí tienes la copa
de tantos sufrimientos y distancias:
la alegría del hombre encarcelado,
poblado por tinieblas y esperanzas
que adentro de la mina sabe cuándo
llegó la primavera y su fragancia
porque sabe que el hombre está luchando
hasta alcanzar la claridad más ancha.
Y a Cuba ven los mineros australes,
los hijos solitarios de la pampa,
los pastores del frío en Patagonia,
los padres del estaño y de la plata,
los que casándose con la cordillera
sacan el cobre de Chuquicamata,
los hombres de autobuses escondidos
en poblaciones puras de nostalgia,
las mujeres de campos y talleres,
los niños que lloraron sus infancias:
ésta es la copa, tómala, Fidel.
Está llena de tantas esperanzas
que al beberla sabrás que tu victoria
es como el viejo vino de mi patria:
no lo hace un hombre sino muchos hombres
y no una uva sino muchas plantas:
no es una gota sino muchos ríos:
no un capitán sino muchas batallas.
Y están contigo porque representas
todo el honor de nuestra lucha larga
y si cayera Cuba caeríamos,
y vendríamos para levantarla,
y si florece con todas sus flores
florecerá con nuestra propia savia.
Y si se atreven a tocar la frente
de Cuba por tus manos libertada
encontrarán los puños de los pueblos,
sacaremos las armas enterradas:
la sangre y el orgullo acudirán
a defender a Cuba bienamada.

Pablo Neruda
de Canción de gesta; 1960

***

Ronda de la fortuna

 
Fidel tiene fortuna,
una sola fortuna:

estar,
entre nosotros,
por un mundo mejor.

Qué fortuna mayor.

Fidel,
sin odio y sin hiel,
abre muros
y ventanas.

Fidel

Fidel tiene fortuna,
una sola fortuna,
la fortuna de ser

Fidel

Nancy Morejón; 2006

***

Su presencia

Su nombre es un verbo: sea el día
y sean las noches. Nadie puede resumirlo,
no se dedica un poema directamente a él,
ni una pieza recién hecha, ni una fábrica.
Es un padre, pero todos lo vemos como el mejor
de los hermanos, el amigo más alto.
No se le dedica directamente cosa alguna
pero cada hombre del pueblo moriría por él
en cualquier circunstancia.


Virgilio López Lemus
En El pan de Aser; 1987

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