viernes, 9 de mayo de 2008

álamos de Haroldo


Haroldo Conti es sacado todos los cinco de mayo de su casa; todos los cinco de mayo arrastrado luego de ser golpeado y separado para siempre de su compañera. Es desaparecido el cinco de mayo y cada mismo cinco de mayo lo torturan.

Cada cinco de mayo; a Haroldo, el que escribía, el que militaba en el PRT, el que se quemó los ojos estudiando el Latín, el que peleaba por la revolución socialista.

Hoy el miembro de la la progresía o el timorato bienpensante no deja de comprarse un libro de Conti, pero tan solo para ofrendarlo en su biblioteca. Se editan sus cuentos completos, pero en España. Muchos lo leen, pero son más los que lo esterilizan despolitizándolo.

Cada cinco de mayo Conti se va de nuevo para recordarnos que escribía, que peleaba, que aquella revolución aún espera en algún tibio hueco, latiendo, como tempranamente laten las hojas más altas de todos los álamos dentro de una semilla.

***

álamos de Haroldo

“Un día de un viejo árbol es un día del mundo.”
[Haroldo Conti; “La Balada del Álamo Carolina”]


Cuando un árbol y un hombre viven del mismo suelo
comparten por destino la savia cotidiana.
Un aletear, en ambos, se refugia en las ramas,
guardando en el costado la clave de su aliento.

Cada noche se agitan los dos en somnolencias
como siendo hechizados por el leve amuleto
de la luna y su influjo, resquicio en el embalse.
Y en sueños ríen ambos a esa luna, a los astros,
un incompleto triunfo de la sombra, objetado.

De día, sus cien brazos trepando cielo arriba;
y trepa una enramada que va azul por las sienes.
Constelación salobre les cae de sus cumbres...
y el viento los refresca, solaz de la jornada.


(Un paisano soñando que es un árbol inmenso,
o un álamo que dicta a un hombre lo que siente:
Haroldo escribe aquella verdad que el árbol sabe.)


Mariano Garrido
(En Otra variante del grito; inédito)

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