lunes, 30 de mayo de 2011

La Gallega


Será que es domingo. Que los huesos que uno colecciona bajo el cuero recrujen y rechinan en la humedad, y el frío no ayuda. Será cualquier cosa. Pero a uno se le da por acordarse de gente que está, pero lejos; o de otra que no está, y basta.
Como sea, en este fin de mayo que con el frío evoca jornadas frías, pero también barricadas, los recuerdos hacen asamblea. Ahí nomás aparece la Gallega. Karina Germano López, presa política en el país donde está mal visto hablar de los presos políticos: en esos casos, la membresía de progresista se le retira a uno, y pasa a nutrir la lista de los-que-le-hacen-el-juego-a-la-derecha, y esas cosas.
Para los tercos, o quienes no padezcan insomnio por tener que atravesar las calles y los días sin su carnet de bienpensante oficialista, la lista de presos políticos y procesados por intervenir en luchas sociales está presente. No siempre a la vista, pero está. (Ahí, como un agujerito en la pared de una celda por la que un preso mira hacia afuera.)

***

cuando la tarde cae y se busca una ventana
Karina Germano López, la “Gallega”; presa en Ezeiza.

“la tristeza es un pedazo de cielo tras la ventana pequeña de una celda…”
                                                                                                          Carlos Aiub

…y más si es una tarde de esas a plomo
y llueve fino y frío;
y más si en el plomo de esa tarde
están impresas estas calles vacías, sin sombra siquiera,
y es el momento en que todavía discuten
día y noche para ver quién se impone,
y la ventana es el marco
para un fondo de amianto.

Por otra ventana, una más pequeña,
la Gallega tal vez mirará ese mismo cielo.
(Cuando el frío la sacude, ella tirita;
la requisa le sacará los libros, y ella humanamente
se apenará, aunque con la vista tal vez imperturbable.)

En una ventana del suburbio se dibuja
un cielo gris, a plomo,
tal vez el mismo cielo que en Ezeiza, y es un día
de esos como para llorar con solo ver por la ventana.

La Gallega tal vez no llora nunca,
o sí.
(Cuando la golpean, le duele; moretones le cubren
la espalda, las piernas,
las costillas, si un bastón golpea
entre sus fibras.)

Ahora llueve y la tarde se ha vuelto noche
y el paisaje se ha vuelto un tango.
La Gallega quizás cuenta hasta cien mil (mil veces y una vez),
multiplica hasta el infinito el número 12
de su pabellón,
inventa rostros perdidos sobre unas manchitas de humedad,
cuenta los días en más de dos mil sombras,
piensa un presidio de San Pablo, camina
un presidio bonaerense.
(Cuando el encierro se prolonga monótono, se aburre.
Cuando la lluvia que entra por la ventana y las goteras
la salpican, se moja.)

La noche invernal se cierra, pero
miro por una hendidura, por una ventana perdida
de la noche. Acaso la Gallega
mirará esa misma noche
por una ventana más pequeña
un punto extraviado de una noche más inmensa.
Tal vez pensará en el afuera
(cuando hace frío, lo siente en la piel)
y en salir, y en seguir la lucha,
(cuando le pegan, le duele)
y en un abrazo compañero también
(cuando la lluvia la salpica, se moja)
multiplicado por cada día de sombra.

Miro por mi ventana y ya casi no se ve nada.
Sé que la Gallega está ahí,
firme, detrás de otra ventana
más pequeña.


Va a salir un día. Tal vez llueva
y la lluvia la mojará.  

Mariano Garrido
(En Circunstancias; inédito)

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