lunes, 28 de marzo de 2011

José Antonio Cedrón: justo en marzo




“Estamos ante la paradoja de una poética que se ha llenado de palabras para vaciarse de mundo, por ejemplo: la sombra de tus ojos en mi espalda negada/ voluntad del deseo para el agua/ eterna la noche en cavidades lúgubres… Bueno, así podemos seguir hasta el lunes. Identidad irreconocible. Superfluo, fabricado; por lo tanto, artificial... La desaparición del contexto. Tal vez se lleguen a vender poemas con franquicia.”
Esto decía el poeta en una entrevista a un medio digital, hace un par de años. Hace una semana, días más, días menos, contaba sobre su exilio y leía poemas suyos y de Santoro en un acto callejero frente a un ex Centro Clandestino de Detención. Porque mejor que los feriados son los días en los que se ganan las calles; porque mejor que la solemnidad de los homenajes son los recuerdos de la lucha. Y mejor que los recuerdos y lecturas de poetas luchadores, la lucha misma.
Por eso, en tiempos de recuerdo institucionalizado, Cedrón lee sus versos sin estridencias; sacudiendo a la memoria, saludando al día, embarrándose de mundo, ridiculizando a policías.
Justo en marzo, justo frente al "Olimpo". Justo cuando se ponían insistentes los agentes de la ley que pretendían suspender ese desautorizado acto, y que -no hay caso- no se conmueven con la poesía.

***

(Sin título)

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto es inasible.
Pero (aunque suene mal) daría la vida
por diez lugares suyos, cierta gente...

José Emilio Pacheco; (En el poema "Alta traición")


Bajo tiempos difíciles y noches cerradas
te he soñado. Fui un impostor de luz para esa claridad que no toleras.
Tu anuncio es invisible como el amor que llevas
y que traes de mi piel. Y no te reconozco
más que en viejas traiciones.
Lo digo sin pedirte perdón, sin pedir nada.
Y sin embargo duele.
No podría desear la salvación sin vida. Ese poder.
Y también, sin embargo, no oculto lo invisible
del cómplice que traigo. Fantasmas que nos diste
para estrechar tu vieja geografía
de mártires y sombras.
El gesto recorrido con la misma mirada acorralada
vacila hoy como un ciego, en el cordón de un país desconocido.

José Antonio Cedrón
(De Actas; 1986)

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