martes, 5 de agosto de 2008

España


Hace unos setenta y dos años, días de más o de menos, España entraba en guerra contra sí misma. Contra el españolísimo oscurantismo; contra la tradicional Guardia Civil; contra la ancestral Iglesia Católica y el analfabetismo, fieles compañeros; contra los muy ibéricos latifundistas y señoritos, entrañables familiares.
España en guerra contra todo lo característicamente español que ya no cabía más en España.
El resultado de la contienda es archisabido.
Pero hay quien no pierde la esperanza. Hay quien, tímidamente aún, levanta del suelo la bandera y le sacude el polvo. Hay quien lleva una flor a donde sea, en memoria de una lucha que no es sólo pasado. Hay quien sabe que se perdió, y que sin embargo no fue en vano. Hay quien sabe todo eso, y no es poco. Finalmente, sabe demasiado quien sabe por qué pelea (y por qué muere, dice Tuñón).

Tuñón, Hernández. Que hablen ellos, que de esto saben.

***

LOS NIÑOS MUERTOS

("Por la Casa de Campo
y el Manzanares
quieren pasar los moros.
¡No pasa nadie!"
No pasa nadie, no,
no pasa nadie,
sólo pasa la muerte
que va a buscarles.)


Murieron como todos los niños sin preguntar de qué y por qué morían.
A las 10 de la noche los aviones negros arrojaron bengalas como en la verbena.
Al espía que hizo señales desde una ventana le agujerearon el cráneo.
La muerte, con traje de luces, dio varias vueltas por la ciudad.
A las 10 y 2 minutos un estruendo redondo siguió a cada silbido.
Los tranvías se lanzaron a la carrera y un especial azul agonizante.
El primer muerto falso fue un maniquí desvelado amarillo.
Todos los grifos de la ciudad fueron abiertos, todos los vidrios se arrugaron.
El espía apretaba en su mano un plano del Museo y un trabuco.
En las mansiones incautadas los señores de los óleos parecían decir: "No nos dejéis”.
Los periodistas extranjeros hicieron cola para ver a la primera señorita muerta.
Los pianos cerrados de pronto con el ruido del féretro desplomado,
el olor del jardín mezclado al del humo y la carne chamuscada,
el hombre que precisamente a esa hora va en busca de la comadrona,
la estatua sin cabeza con un letrero que decía Peluquero de Señoras,
el ladrido de los perros más solo que nunca al fondo de los corredores,
todo pasó rápidamente, como en el cine, cuando aún se oía el zumbido de la avispa gigante.

Los niños muertos por juguetes, asesinados por grandes mecanos armados,
con los que ellos soñaban cada noche, fueron recogidos al alba sin mercados,
sin máscaras sueltas, sin churros, sin canciones (fue la primera vez),
sin caballos blancos, sin manicuras, sin timbres de relojes, entre ambulancias,
linternas, sábanas, delegados del gobierno, funebreros y vírgenes llorando.
La, sangre de los primeros niños muertos corrió toda la noche.
Cada niño tenía un número sobre el pecho, el 7, el 9, el 104, el 1,
pero la sangre corrió y se hizo río y fue una sola entonces,
la primera que corrió por los canales del sobresalto y el rencor.
En la tierra por ella regada en la noche creció la rosa de la pólvora,
la rosa que hoy vigila hs puertas de Madrid y cuando se acerca la avispa
lanza contra ella sus furiosos pétalos junto a los hombres que sonríen,
a nuestros bravos soldados que sonríen porque saben por qué pelean y mueren.


Raúl González Tuñón

(En La muerte en Madrid; 1939)

***

PRIMERO DE MAYO DE 1937

No sé qué sepultada artillería
dispara desde abajo los claveles,
ni qué caballería
cruza tronando y hace que huelan los laureles.
-
Sementales corceles,
toros emocionados,
como una fundición de bronce y hierro,
surgen tras una crin de todos lados,
tras un rendido y pálido cencerro.
-
Mayo los animales pone airados:
la guerra más se aíra,
y detrás de las armas los arados
braman, hierven las flores, el sol gira.
Hasta el cadáver secular delira.
-
Los trabajos de mayo:
escala su cenit la agricultura.
-
Aparece la hoz igual que un rayo
inacabable en una mano oscura.
-
A pesar de la guerra delirante,
no amordazan los picos sus canciones,
y el rosal da su olor emocionante
porque el rosal no teme a los cañones.
-
Mayo es hoy más colérico y potente:
lo alimenta la sangre derramada,
la juventud que convirtió en torrente
su ejecución de lumbre entrelazada.
-
Deseo a España un mayo ejecutivo,
vestido con la eterna plenitud de la era.
El primer árbol es su abierto olivo
y no va a ser su sangre la postrera.
-
La España que hoy no se ara, se arará toda entera.


Miguel Hernández
(De Viento del pueblo; 1937)

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