miércoles, 20 de agosto de 2008

Elegía vulgar para Francisco Sorto

Fotografía: Rodrigo Alfaro
(En el Cotolengo de Uribelarrea)

...Y en eso no va que viene Roque Dalton. Poeta, guerrillero, preso político. Y no va que Roque agarra y en vez de cantarse a sí mismo (y mire usted que le sobraba cuerda para hacerlo) le canta a otro preso; a un común, para colmo.

Hay que verlo a este Roque. El muy tozudo, el muy cojudo.

(Ahí va; va cantando maravillado como un niño porque un preso, todavía, canta.)

***
Elegía vulgar para Francisco Sorto


Francisco Sorto es un reo común de la Penitenciaría Central de El Salvador que perdió la razón a causa de un encierro de cuatro años en la terrible celda número nueve. Loco como está, deambula hoy silencioso entre los reos del presidio preventivo, y por las tardes, al ver pasar las golondrinas y los pericos desde el patio del penal, canta con los ojos llorosos y la voz sin ritmo, viejos tangos de Gardel...

Francisco Sorto tiene
nueve años de estar preso.

Mató
porque tenía que matar.

Porque tenía que ser duro y terrible
en su tierra reseca donde el pan no se nombra,
en su tierra reseca, reseca, reseca,
donde tan sólo cae el polvo sobre la risa ciega
y el cerebro sin letras
grita su calcinada música y su innumerable llanto.

Francisco Sorto tiene
nueve ojos de estar preso.

Nueve gritos de luz donde los siglos bailan
como niños pequeños.

Nueve "mil novecientos tantos" espantosos.

Nueve rascarse el corazón con piojos
y darse miedo de uno
con una palabrota a flor de dientes.

Nueve lágrimas negras de silencio y de frío

Nueve tenientes altos
riendo después de fusilar al aire,
haciéndonos llorar
como que hablan de ríos con fresca palazón en las riberas,
como que hablan de llanos que no tienen ni cercos de piedra
donde uno puede dormitar con la barriga ante los astros.

Nueve, carajo,
nueve años disfrazado de pescozón
y uno amarrado;
nueve años, nueve años,
nueve años que no le caben en la boca al mundo,
nueve años de los que se diría
que solamente son setenta y ocho mil
ochocientas cuarenta horas
si uno supiera de pupitres y números.

Francisco Sorto, hermoso
con su cara de mono
y limpio
como la húmeda tierra que nos escucha por los pies.
Francisco Sorto, solitario
en el centro de ochocientos penados.
Francisco Sorto sin visitas los domingos.
Fancisco Sorto curándose los golpes
con el excremento de las gallinas.
Francisco Sorto cuatro años a oscuras
y esposado, bien duro, en la celda de castigo.
Francisco Sorto,
qué grande,
qué maravilloso y hombre eres,
para que todavía no se te olvide cantar.

Roque Dalton
(De La ventana en el rostro; 1962)

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