miércoles, 27 de julio de 2016

Ayotzinapa, cuatro-tres





"La venia ante el opresor / humilla a la humanidad". Así dice un canto popular que circula en las montañas y también en el llano entre los insurgentes colombianos. Así lo saben los pueblos, que desprecian a los asesinos, y lo demuestran a grito y puño limpios toda vez que pueden expresarlo. Así será también en este caso, en el que otros cipayos engalanados se prestan a agasajarlo.
A horas de la llegada del verdugo, en las paredes ya asoma el rechazo. Malvenido sea Peña Nieto. El asesino de docentes y de estudiantes. El buen mayordomo del patrón del norte.

Los cuarenta y tres de Ayotzinapa ya son millones, y millones te repudian.

***


cuatro- tres
                                                               “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”
                                                                              (escrito en un muro de Ayotzinapa, en todas las paredes)


Que sí, mejor te apuras; que ya van llegando.
(Vienen con las manos esas de sembrar solo huesos,
con las de matar crías.
Portamos el sol en las espaldas,
en el maíz de nuestras manos que convencen a la tierra.)
Atardece
y el miedo es el santuario donde ellos cazan.
(Porque con manos delicadas firman sentencias de muerte
como cheques,
es que debemos de apurarnos; que ya llegan.
Con sus ganapanes del tiro de gracia
son señores de una patria engringada,
de una hacienda interminable
labrada de fosas comunes.)

A correr, que no hay más tiempo;
entierra los últimos abecedarios allí donde nacen meros cardos,
despacha las cartas necesarias.

Que te apures; que si caemos, será alistando nuestra ira.
Que si nos pierden en la siega, otros vendrán
y habrán de buscarnos entre el barro hasta encontrarnos.
Que si nos hallan, será por el brillo del sol
sobre nuestras espaldas, por el tumultuoso misterio del maíz
que no habrán de acallar, por los abecedarios recogidos
por mil niños descalzos escribiendo justicia.
Mejor te apuras,
y te plantas; que ellos
también sepan
que somos cuarenta y tres,
que somos millones,
que nunca tantos puños
señalaron  a un manojo de verdugos.

Mariano Garrido; octubre de 2014

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