sábado, 12 de diciembre de 2015

Esa es la cosa



Hacía falta desempolvar un libro para dar respuesta. Uno de poesía, y no de autoayuda. Porque sí: la poesía también sirve para dar respuestas. Y genuinas, cuando es genuina ella también. 
Contra la versión del arte por el arte, que tan bien le sienta al orden establecido, resulta que hay quienes usan a la poesía. No como un arreglo floral, ni como una alhaja (si se tiene los medios) o como bijouterie (si no se los tiene, pero se quiere hacer creer que sí). Hay quienes la usan como una maza, pogamos por caso. 
Cuando el avance de los dueños de todo y sus edecanes, en Argentina o en Venezuela o en donde sea, está a la orden del día, no cabe hacerse a un costado para ponerse a llorar. De todo lo mucho o poco que nos queda aún por perder, el tiempo y el decoro son dos bienes preciados. En especial, porque no abundan; y además, porque la lucha sigue y los precisamos para ella. Pero sobre todo, porque lo que nos lleva a pelear no es lo que se fue, sino lo que vendrá. 
Aquí en nuestra tierra, contra tanta lágrima fácil, contra la derrotada resignación a lo malo pero conocido, contra las renovadas suscripciones al fin de la historia, apelemos a la autoridad estética y moral de unos versos fraguados a martillazos en una celda sin noche ni día, afilados contra un muro en un calabozo de días interminables e iguales, versos pergeñados en las prisiones de jeques turcos que masacraban a izquierdistas, pero que no pudieron con él ni con tantos otros. Porque si hay algo de lo que estar agradecidos al gran Nazim Hikmet, es de que nunca haya hecho de la resignación y la desesperanza el pan de su encierro. 

Desde el fondo de una celda, Nazim canta.
La belleza y la esperanza son nuestras. Los dueños de todo no podrán comprarlas, y menos robárnoslas.

***


Esa es la cosa


Estoy en medio de la luz que avanza.
Mis manos están llenas de deseos: es tan hermoso el mundo.
No se cansan mis ojos de contemplar los árboles,
Los árboles tan llenos de esperanza, los árboles tan verdes.

Un sendero soleado se pierde entre moreras:
Lo contemplo, acodado en la ventana de la enfermería.

No se siente el olor de los medicamentos:
Deben haberse abierto por ahí los claveles.

Estar preso ... No es ésa la cuestión.
La cosa es no entregarse: ¡ésa es la cosa!



Nazim Hikmet;
en A pesar de todos estos muros; antología, 2013


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