viernes, 19 de febrero de 2010

Siempre en medio


Jorge Enrique. Entre vanguardistas y poetas traspapelados de pueblo; entre Rilke y Neruda; entre Europa y Cuba; Entre Marx y una mujer desnuda. Entre Cortázar y lo demás.
Poeta sin versillos anestésicos, ni convenientes desmemorias. Pero sutil cuando cabe la sutileza.
Primer Premio Casa de las Américas en su primera edición, allá cuando Cuba espantaba a más de cuatro, convenientemente amistosos luego. Siempre en medio: metido donde hay que estar metido, aunque duela, aunque suene raro, aunque salpique.

Jorge Enrique, que partió hace poquito. En Ecuador: entre sur y norte.

***
Historia

Al comienzo, la patria
fue una gran página en blanco:
la arena, el mar, la superficie,
la sombra verde, la tinta
con que manchó el invierno la sabana.
Pero de pronto, sin que nada
pudiera detenerlo, hay un hombre
conduciendo a su familia por los márgenes,
entra, cae y escala hasta el renglón
ecuatorial buscando vida.
Yo vengo desde allí: desayuné con ellos
en la primera mañana de mi pueblo,
construimos sembríos contra el hambre,
un río de cereal llevamos a la harina
y supimos las leyes del agua y de la luna.

De la segunda página hasta hoy día
no hay sino violencia. Desde
el segundo día no hubo día
en que no nos robaran la casa
y el maíz y ocuparan la tierra
que amé como a una isla de ternura.
Pero mañana (mucho antes
de lo que habíamos pensado)
echaré al invasor y llamaré a mi hermano
e iremos juntos hasta la geografía
-el dulce arroz, la recua del petróleo-
y le diré: Señora, buenos días,
aquí estamos después de tantos siglos
a cobrar juntas todas las gavillas,
a contar si están justos los quilates
y a saber cuánta tierra nos queda todavía.

Jorge Enrique Adoum
(De Relato del extranjero; 1955)

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